Discutían en el arca, Noé y los animales de la conveniencia de mandar a explorar si las aguas del océano habían disminuido. Después de días de alegatos se llegó a la conclusión de que el animal mejor dotado era la tortuga. Nadaba como pez en el agua y podía arribar a tierra sin dificultad.
Los días pasaban y no había señales de ella. Los animales se veían y movían la cabeza, y pasaron al verbo:
  • ¿A quien se le ocurrió la idea de mandar a la tortuga?
  • Es un animal lento de movimiento y de cabeza.
  • ¡Tonta y perezosa!
  • ¡Esta hija de puta, nos tiene en vilo!
Todos tenemos la culpa decía Noé en tono conciliador.
-No podemos estar supeditados a una pendeja, algo tenemos que hacer.
-Mandemos a otro que sea ágil de movimiento y cerebro.
Muy en el fondo se escuchó una voz pequeña y aguda que hizo callar a todos:
-Si siguen hablando mal de mí, no voy…

tortuga.