Tres amigos de años sesentones platicaban acerca de sus hijos en prestigiado restaurante.

Rodolfo, se fue a estados unidos hace tiempo, le ha ido bien, Es un arquitecto que ha diseñado edificios públicos en New York y gana lo que quiere, con tal solo decirles que a su mejor amigo  le regaló una casa con piscina.

Antonio,  mi hijo, dijo otro de los comensales, curso postgrados en la meca del cine, vive en la ciudad de los rascacielos y tiene una empresa con la que hace comerciales a las mejores industrias.  Le llueven billetes verdes, con tan solo decirles que a su mejor amigo le obsequió un Ferrari último modelo.

El tercero callaba, pero a tanta insistencia de los amigos tuvo que confiarles un secreto que sólo guardaba para él.

El mío también se fue a Estados Unidos,  realmente durante mucho tiempo no supe nada de él,  pero me mandó una carta muy personal donde me dice que salió de la casa para no causarme un infarto. Mi hijo es puto.

Los compañeros, exclamaron con dolor, moviendo la cabeza y tratando de ser empático con el amigo, después de un doloroso silencio, uno de ellos le preguntó, pero, cómo le ha ido?

No le va tan mal, se ha hecho de buenas amistades, pues según sé uno de sus amantes le compró una residencia y otro le regaló un Ferrari último modelo.

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