Jorge llama desde un país remoto a su hijo Antonio que emigró a Nueva York.
Lamento arruinarte el día, tengo que informarte que tu madre y yo nos estamos divorciando, cuarenta y cinco años de sufrimiento es suficiente.
Papi, ¿De qué estás hablando? !justo antes de las fiestas! exclama el hijo.
!No podemos seguir viéndonos¡ le contesta el padre. Ni ella quiere ver mi jeta, ni yo la de ella.Estamos hartos uno del otro, así que es mejor que tú llames a tu hermana Anna en Chicago para contarle. Y corta el diálogo.
Desesperado, llama y le da la “buena nueva” a su hermana.
¿Cómo qué se están divorciando? !Me haré  cargo del asunto!
Inmediatamente la hija llama al padre :
Ustedes no se divorcian!¡No hagan nada hasta que yo llegue! Ahora  llamaré a mi hermano y vamos los dos con ustedes.¡Hasta entonces no hagan nada!
El padre deja el teléfono, mira a su esposa y le dice:
Muy bien Rebeca, todo salió perfecto… ! Los dos vienen para las fiestas y se pagan ellos los pasajes.

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CARL WILHELMSON