En los corredores de tu vida,

tienes flores,

hamacas,

Te meces en la  poltrona, junto a la maceta de barro.

Hay una prisión.

En el cielo la luna se renueva;

entre la oscuridad del silencio.

reclinandote en la mecedora

aparece el claroscuro de tu maldad.

A tus manos,

como mariposas avergonzadas

llega la naúsea,

lo corrupto,

lo servil.

Dando traspiés

llega un corazón confuso.

Pero él no escogió

Ni tu alma, ni tu cuerpo.

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