Un árbol de mango se balancea por la fuerza del viento. Algunos caen en el río; la corriente arrastra a otros hasta el mar; y otros quedan entre las zarzas cubiertos de lodo, a un lado de los sapos.

Siempre habrá un viento fastidiado que jugará haciendo trompos en la pradera hasta que se aburra. Años después, dos mangos adolescentes apuntarán con sus espigas al cielo, darán fruto al pájaro viajero y cobijo a la luna.

guacamayas