
Me he visto caminar por la orilla del mar y meditar cada vez que el agua me besa los pies. Su inmensidad me sobrecoge y sobre el horizonte veo un barco de vela que se hunde en el tiempo. Me veo jugando sobre el pecho de mi padre y sus manos dulces abrazándome; entonces los ojos se me inflaman. Suspiro y camino pensando que su sombra me sigue y cuida. Como toda vida he sufrido y reído; el equilibrio entre ambas cosas es lo que me mantiene. Una ola llega, me burbujea en la piel y después se va. Nada se queda, todo por movimiento se va. Me iré yo, pero dejaré en el vuelo de las gaviotas mis quehaceres. Eso deseo, eso amo…
Foto de M.P.A.

Me encantó, su texto nos retorna a nuestra función en el ecosistema: modificador, y eso es muy bueno. Me alegró la mañana. Muchas gracias.
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A me alegra mi noche, pues no había encontrado espacio para venir a saludar a los amigos. Gracias por venir Abrazos y rosas amiga.
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Hermosa añoranza por lo que no es más íntimo y nos humaniza.
Lectura muy disfrutable, Rubén. Te dejo un grande abrazo.
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Gracias por pasearte por mi blog. un Abrazo
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Amo el mar. Alguien me espera en el, y creo que viajaré lejos muy lejos…
Mientras te acompaño, por la orilla de esa inmensidad.
Abrazos.
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Hola querida amiga. como te encuentras, veo con alegría que has venido a ver la espuma del mar y el ritmo de las olas al golpear las rocas. Gracias y te abrazo y te doy tu beso y tu ramo de violetas. Cuídate.
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