
El ocaso se pierde.
Llegan las nubes cara de vaca y ocultan los rayos de sol.
Nada interrumpe mi oleaje que teje la espuma como eficaz hilandera.
Hay dolores que revientan y no espantan; ni tampoco las felicidades adolescentes que envanecen.
Alabo el sacerdote que nunca ha dejado de ser pobre y que ahora es viejo.
Admiro a la mujer que es feliz aunque para todos viva en pecado.
A mi edad la muerte reclama un sitio en mi cama. Y la vida es río hasta que se pierde en el mar.
Me sorprenden las garzas que llegan, el croar de las ranas y los gritos de las chachalacas.
El amor florece.
Me entusiasma vivir, pero entiendo que todo lo que inicia termina. huelo la tierra mojada y buscaré un lugar al lado de los sapos barraganes.
Sabiendo que la mudez se acerca.

Elijo disfrutar hasta el último del regalo, trataré cerrar los ojos e imaginarme al sol por delante donde la vida es bella.
Un abrazo, la felicidad hacemos nosotros.
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Asi es querida amiga. Somos los arquitectos de la vida, si la queremos azul, o gris depende de nosotros, pero bien sabemos que somos parte de ella y como elementos un día nos incorporaremos al ríio y al mar.. Un abrazo y muchas rosas.
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