Aquellas noches interminables han quedado atrás. Lo nuestro es un tren en fuga, un abrazo desaseado. Un niño que llora cuando ve que el globo no tiene más dirección que el cielo. No depende de mí devolverle su sonrisa. Doblo la cabeza, cierro los ojos, y entiendo que lo que inicia termina. Duele con la pesadez de una tumba, mas pasará como todos los dolores; que al fin y al cabo la vida azota el mazo y dice que algo debo de pagar por los encuentros felices que me diste. La óptica es diferente, tal vez para ti, sólo sea el prólogo de una libertad deseada. No lo sé.

A veces inevitable, es necesario, pero duele.
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Asi es amiga. Besos y azahares
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Abrazos mi querido Ruben.
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Excelente
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Gracias Juan por tu opinión. Un abrazo
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Duele de tan real.
Abrazos
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Todas las despedidas duelen amiga bella. Gracias por estar y te dejo un abrazo que te doy con tu ramo de rosas amarillas.
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