El gris rueda y queda suspendido en el aire. La tomo del brazo y me cimbro al recordar, pero ella no recuerda. Debo actuar rápido: un tirón de reloj, un movimiento de pistola… Ojalá y no sepa quién soy, ¡aunque he cambiado tanto! Ya no soy el joven tímido y serio. Ella sigue siendo la misma, mi dulce niña, tiernos ojos y sonrisa de flor. ¿Recordará las mariposas que le regalé? Tiembla. Lo hacía de niña y respira ahora, como las veces que corría tras la pelota. ¡Pero nada! Esto es un trabajo más.

Me alejo y pregunto si me habrá reconocido.