Archivos por mes: noviembre 2015
El gober
Inserté el anuncio en la sección de «Empleos» donde solicitaba un licenciado en Ciencias Sociales con carácter y capacidad para resolver problemas. Pasé días entrevistando gente en una oficina que no es la mía y que estaba alejada del centro urbano.
Cuando lo tuve en frente, vi que era el hombre que buscaba: frente amplia, cejas robustas, de mediana edad, ojos grandes que despertaban simpatía y un movimiento rápido que reconozco sólo en las personas observadoras. Era alto, recio y con la piel aceitunada seguramente por frecuentes caminatas bajo el sol. Discutimos el sueldo, y acepté su propuesta. Le pagaría de acuerdo a los resultados.
La zona indígena de la región de la montaña andaba alborotada. Él tendría que llevar en una mano el pan y en la otra el fuete. Tenía libertad para decidir. Si una situación escapaba y había difuntos, yo tendría a quien echarle las culpa. ¡Joder! En la actualidad los “ “chivos expiatorios” le salen caros al gobierno.
A quienes sigo y aplaudo y a mis seguidores
Desde hace como quince días deje de recibir en mi correo sus textos, como soy torpe con la informática no sabía como resolver el problema. Una luz se filtró en mi entendimiento y supe por el mismo google que era posible que un extraño haya metido mano en mi correo y haya mandado a spam todos mis contactos. Casi resuelvo, pero me será complicado leerme todo lo que se ha generado en quince días o más.
Ya me he subido al ring del quirófano en varias ocasiones y he salido bien librado, en los próximos por venir, tendré que volver, todo por la rebeldía de una vertebra lumbar que se ha salido del orden establecido y me ha estrechado el canal medular. «puede quedarse así, si lo desea, pero le recuerdo que nunca he visto una columna vertebral que al pasar los años se rejuvenezca» Ante tales sustentos, no me queda mas que decir… «Bien, para cuando, nos comemos el pollito» Recordé a mi madre, cuando nos llevaba de visita y estando en casa extraña, hacíamos ruido o corríamos y discretamente me decía «cuando lleguemos a casa nos comeremos un pollito» En mi inocencia, le recordaba «mamá a que horas nos comemos el pollito»
Espero su benevolencia y aunque con irregularidad pero estaré dándome el placer de leerlos.
Abrazos de Sendero.
Shou
Camino por las enredaderas de tu pelo,
los entretejes de tu pensamiento
y me acercó a las fuentes de tu deseo.
Te despierto con una caricia,
y tomo el mejor asiento en algún recodo de tu mente
y a media noche: aplaudo a rabiar el tabledance de tu libido.
La encrucijada
Hace frío y la neblina como si tuviese brazos, va y viene enredándose en la cintura de los árboles. Otras veces parece gato y acecha entre los matorrales.
Estas tierras antes fueron selvas, ahora son pastizales en las cuales, en horas de sopor, el ganado se refugia bajo la sombra de los ramones. Hoy llueve menudo.
Van y vienen los caminos, pero hay encrucijadas donde acampa la gente alrededor de la fogata que cruje para que la olla derrame el aroma del café. Unos se dirigen hacia arriba porque la abuela agoniza, otros regresan a la ciudad buscando sustento.
Nada diferente, por estos días, la niebla de la montaña baja por las encrucijadas y la gente sorbe el café para tomar fuerza y seguir hacia arriba o hacia abajo, según se padezca.

Me quedé indefenso, turbado, al ver la sonrisa de collar que rompía el día; no me contuve y le grité—espera— Fue una voz astillada de silencio y ella se perdió entre las voces adosadas del viejo muro y el aleteo de las palomas que bullían en el campanario.