¡Bendito el marido que me ha tocado! Tiene horas que se fue, pero mi corazón me dice que se quedó la mitad de él. No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía porque es capaz de todo.
Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra. Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió como diciéndome: ¡eso no basta!
Cuando pienso hablarle a alguno de mis amigos, repiquetea el teléfono.
¿—Qué haces? — Me dice con voz recelosa.
—Aquí, limpiando los viejos libros que heredé de la abuela.
— ¡Tirálos, eso es basura!
—Lo haré a su tiempo.
Mis ojos se detienen en el pez dorado que parece mirarme , mientras él se despide con instrucciones y besos por el teléfono.
La abuela, siempre lozana y viuda.

Bonita historia me gusta mucho. Abrazos Rubén.
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La historia es bonita, lo terrible es el Otelo un abrazo y muchas rosas amiga.
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Lo que me gusta mucho de tus historias, es que nunca se como será la conclusión. Entonces espero con avidez lo que publicas, siempre es un detalle nuevo.
🙂
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Bella la abuela…… qué tranquila descansa de marido….
Un saludo amigo…
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bella y feliz que hizo descansar al marido. besos y rosas
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Y es que encuentras cada tipo, que es preferible vivir sola que mal acompañada, amiga Merce. Besos y girasoles para ti.
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La mitad de las Cosas que uno atesora son desechables, y el resto, es muchas veces un grillete, ocupando mucho espacio.
Gran conocedor del alma femenina, cuanto habrá callado la abuela…
Un fuerte abrazo.
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Cuanta razón destila tu comentario. Tal vez la abuela lo hizo callar para siempre. Besos y rosas querida amiga.
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Hasta siente los ojos del pez dorado que la vigilas… eso no es vida!
Un abrazo Rub.
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Otelos, Otelos y sigue la cosecha de machistas. Gracias por venir querida amiga. besos y rosas
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Debo admitir que tus relatos me gustan mucho y este es uno de ellos. Claro ejemplo de un hombre desconfiado de si mismo. Bendita sea la abuela. Saludos para ti Ruben.
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Bella montaña, habemos varones llenos de miedo y de inmadurez que para ocultarla nos ponemos la máscara de los celos… besos y rosas.
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Sí, de inseguridades también. Un gusto leerte siempre. Saludos
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