La yegua

yeguaLa yegua tenìa asma y sudaba copiosamente. Estaba encharcado de mis corvas y la silla se movia de un lado a otro. Transitàbamos pegados a la montaña y a veces frunciendo la mirada olìa el desfiladero. Al pasar sobre una peña, la silla resbalo: mi cabeza abajo y los pies mirando el cielo.

-¡No se mueva! ¡no se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! ¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico: ¡Quién chingaos nos va a curar ey …ey… tú pendejo, amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pinche pueblo se queda sin matasanos. ¡Y todavía no lo probamos! ¡ Tánto trabajo que nos costó convencerlo!

Dále un vaso de caña para el susto,  y otro para que le vuelva la sangre…
No se preocupe doctor: ya verá que en el camino y en la vida,
siempre nos topamos con yeguas mañosas.

3 Comentarios

  1. Escena muy peligrosa, el animal no podía hacer otra cosa (estaba enferma) y ellos necesitaban al doctor……..
    Un Abrazo Rubén 🙂 .

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  2. Las yeguas siempre son mañosas, aunque a veces hay que saber tratarlas…. Gracioso relato … me gusta tu lenguaje, tan fresco !!!
    Un saludo desde Madrid.

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  3. Yo diría que las mañosas son las personas. Una buena manera de retratar una situación dónde el médico aprende que es muy necesario… ¿verdad?
    Un abrazo Rub y sigue cuidándote porque te necesitamos.

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