Desde pequeño amó las alturas. Burlaba al sacristán, subía al campanario y su mirada consumía los destellos del universo.
Años después caminaría por el Mar de la Tranquilidad riendo con su carcajada fresca de niño, sin que las huellas de sus pies desordenaran el estrato del polvo selenita.

Excelente relato Don Rubén.
Un besote y tenga un feliz viernes.
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Gracias mi bella amiga y compañera de gustos y de letras…. un abrazo
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El caminar de un alma bella siempre deja huella.
Un Abrazo Rubén 🙂 .
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Gracias Joaquín por haber llegado y dejarme tu comentario un abrazo Rub
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El calado de una vida resumida en una hermosa prosa poética.
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Gracias por venir Felicitas, muy agradecido por tu comentario ten un bello fin de semana un abrazo Rub
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Así me gusta, vivir riendo, intentando desgastarse lo menos posible.
Un abrazo, querido poeta.
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Hola bella Ann, encantado de recibirte, tu comentario es buen pan, para recibir el sábado… besos
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quien no fuera la luz de la luna! Absorbo tu serenidad~ Con carino, Deborah
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Gracias querida amiga por llegar, agradezco y me da alegría tu visita besos Rub
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