lunaEl sol glorioso adormece las montañas. Una nube camina en el desfiladero del cielo, otras parecen gigantes prehistóricos que recién han nacido. Platican y se amontonan, cubriendo de grises la inmensidad. El sol ardiente cubre los mosaicos de la colina y de reojo contempla a una luna que pende de almidones. 

 

 Caen gotas temerosas y poco a poco cambian a tejos líquidos que golpean la tierra. Los remolinos envuelven los arbustos. Los pájaros asustados brincotean sobre las ramas y chillan cuando el viento silba entre las hojas. Por un momento hay una quietud sospechosa que hace callar a las chicharras, y que los grillos guarden silencio: es la intemperie que tiembla.

 

 Una luz repentina parece salir de la tierra y emerge del corazón de las montañas. Es un flash gigante que toma impresiones a la copa del cielo. La mudez termina y las gotas rompen en desbandada como caballos que irrumpen en la pradera.images

 

 Las hormigas esperan desde los subterráneos. Sabían del diluvio y precavidas pastorearon su rebaño, ordeñaron su dulce y ahora escuchan el chapoteo del agua y el canto angustioso de los grillos que se resguardan en un tronco viejo.

 

 El sol es cercado por las nubes sucias y negruzcas, pero se mantiene como testigo oculto en la curva del arco. Rompen los truenos en el piso del cielo como si los gigantes corrieran de un lado a otro presintiendo el fin del mundo.

 

images (11) Todo regresa a su lugar. El sol se ha quedado impávido, enhebrando los colores, tirando al infinito el naranja, el violeta, el rojo para darle el vestido glorioso a la luna para que cuando baile, cuelgue sus velos sobre los picos de las montañas.