El filo del machete reverberaba a la luz vieja del sol. Había diez en fila frente al ejecutor, brazos atrás y sujetados de las muñecas. A los primeros ocho, la cabeza seguía prendida al cuello, los ojos espantados y mirando el cielo. El noveno lo cercenó cuando imploraba, mas seguía implorando, hasta que tocó su frente y la testa rodó enrojeciendo el polvo del camino. El décimo lo dejó ir para que pregonase.

El mayor castigo, dejarlo para que pregonase.
Me ha gustado, Ruben
Un abrazo.
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Gracias por tu visita jesus…un abrazo
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Otro para ti.
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Escena terrorífica y sangrienta donde el indultado guardará en su memoria ése lugar y ése ejecutor.
Un Abrazo 😦 .
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Se salva, gracias al ego inflamado del ejecutor..Un abrazo y bello día tengas.
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Impactante.
Un besote y un fuerte abrazo.
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Lo dejó ir para que cuente sus hazañas.!
Terrible ! Lo marcó a fuego.
Un abrazo.
Hasta pronto.
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Stella… persiste el frío? gracias por llegar a ver al indeseable… contento por tu visita… besos
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Un relato como una leyenda azteca.
Un abrazo, rub.
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ojala y fuese leyenda querida Ann, lo escrito es un reflejo… ha habido cosas peores conesta batalla contra el narcotrafico… gracias por llegar beso
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