En la cima de la montaña, hice una pila de los poemas escritos en mi vida. Allí corría el agua levitando sobre la arena, el rubí sobre la espuma, el collar de semillas, la noche sobre las hojas y el río tallando los tejos. Los besos fueron fuga antes de que el viento Los dispersara. Bajé con un siglo de edad, pero dispuesto a sonreír por la llegada de las garzas.