Tomó el puro. Lo olfateó, lo puso en su boca mordisqueándolo. Con la izquierda lo detenía; con la derecha hizo fuego. Haciendo pausas, removía el humo y chupeteaba los labios degustando el buqué del habano. Miró a la docta concurrencia que asombrada seguía sus movimientos. Golpeando sobre la mesa de honor dijo:

-Colegas, les recuerdo que también se fuma por placer y no sólo por deseos insatisfechos.