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Habían pasado muchas temporadas de vientos y cometas, cuando recordé con pureza el día que conocí a Noemí. Recién había inaugurado mi barba y me estremecía cuando el agua de colonia cerraba los poros de mi piel oscura. Mi pasión era construir pandorgas. Iniciaba con la selección del bambú: limpio, seco y con suficiente espacio entre nudo y nudo. El viejo Meraz, lo tenía, lo vi. Hace meses lo cortó, después lo manchó de luna llena y sereno por tres noches. Una vieja receta para darle alma, me dijo la abuela cuando le pregunté. Un día me hice el aparecido. El viejo sonrió. Yo pajareaba con la mirada para adivinar donde había puesto ese largo tarro. Se dio cuenta. Irónico me preguntó, ¿qué buscas? sin contenerme, respondí -¿ dónde escondió el tarro? Qué, vas a hacer tu casa, te quieres casar… -Véndame un pedazo. –Ya lo vendí. Ayer se lo llevaron. Me iba con las espaldas aplastadas cuando me gritó. Volví a verlo y sacó de su casucha un hato de carrizo: Dorado como una cal color de luna y recto como lapiz.
Tan bello como su primer beso.
Me remontó a los días felices de la niñez, donde con juegos rudimentarios nos pasábamos al aire libre jugueteando como su pandorga con el viento, nos bastaba una pelota de trapo, o una bici para correr.
Hoy, por la inseguridad debemos estar encerrados,pero la tecnología nos ha proveído un extraño en casa que nos tiene encerrado, es el televisor, y por si fuera poco una pc para jugar al PlayStation.
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Tiene mucha razón. Ya los niños no juegan en la calle, ni van al monte, porque ya no hay montes, ni encuentran a su paso aquellos arrollos de agua cristalina. Un comentario muy hermoso doña Aurelia, muchas gracias por leerme y dejar en su casita este hermoso ramo de palabras Rub
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Rubén, magnifico cuento. La lectura me fue llevando a tiempos de antaño. Es bello recordar esas épocas. De la cometa y el primer beso…
Un abrazo, Amigo.
Cruz del Sur
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Gracias Carlos por haber llegado y mirar la curva del cielo y seguir los encantos del barrilete… un abrazo y nos seguimos leyendo Rub
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El primer amor, no creo que se pueda olvidar, un cuento muy hermoso donde he visto al niño afanarse en construir cometas para su amor. Qué dulce! La metáfora de la cometa es además muy bella para un amor de niñez que se eleva sin pavor. Me ha encantado amigo rub.
Un abrazo,
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Gracias Amiga Ann por tener el placer de tu visita, tu mirada de lectora que hace que mantenga mi atención sobre lo que escribiste. Sin dua un halago… Abrazo y beso Amiga … Rub
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Rub, qué bello relato. Es refrescante leerte, dejarse ir con cada palabra. Haces de las pandorgas, que por acá son cometas, una bella metáfora. Que bonito retrato de juventud adolecente cuando todo era viento y sol. Las palabras, locales, tuyas, lo enriquecen llenado de un sabor autentico todo el cuento.
Un abrazo… me gustan mucho las cometas
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Amiga Ana las cometas tienen magia. Tal vez por eso a todos nos encanten – el deseo del hombre de ser pájaro, se hizo realidad con las cometas, tal mucho antes que leonardo- Gracias por tu opinión que valoro y aprecio… un beso y un abrazo Amiga Ana Rub
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Rubén:
Chico, que ternura habéis escrito. Mirad cualquier chica feliz hubiéremos sido si aquella con la que habéis corrido y en los árboles escondido fuésemos alguna de nosotras.
Que por cierto, segura estoy ella encantada estaría si nuevamente algún mensaje le enviares, aún cuando éste en el viento se perdiere.
Abrazo.
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Amiga Erika, me da mucho gusto encontrarte, saber que el cuento fue de tu agrado. Que te motivo imaginar los arboles y el remanzo del arroyo Gracias por dejar tu comentario, que es un halago para quien te escribe Rub
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Que lástima que ya casi no podamos dejar a los niños al aire libre. Que ealato tan tierno. Un saludo
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Gracias por haber llegado. Me ha dado gusto tenerla en la memoria. No le falta razon en estos últimos años, las cosas han cambiado dramaticamente. El resultado es lo que dices. Los niños no pueden jugar sin vigilancia. En donde quiera que estés. Un abrazo Rub y nos estaremos leyendo .
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