Ayer fue un día diferente. Tenía tiempo que no caminaba por el corazón de mi pueblo. Certifiqué que el parque está más remozado y los ambulantes que habían fincado su residencia bajo la frondosidad de los árboles , ya no estaban. Eran como las diez de la mañana y entreverado con el viento se escuchaban algunos cantos de la primavera. Frente al parque está el palacio municipal y a un lado un cedro que seguramente tiene más años que la misma ciudad. allí, en ese lugar desfilaron las grandes orquestas de México ” Carlos Campos” , “Acerina y su Danzonera” ” Sonora santanera” y tantas que me pareció oir el bullicio de aquellas noches con la canción “telefono a larga distancia” que aún retumba en mis entrañas. Una melodía bella, donde las cornetas se comunican, dialogan, platican cuchichean. Irrumpe la primera, mientras nosotros tomamos a la pareja de la cintura y de entre el público le contesta la segunda corneta haciendo de ese minuto un espacio mágico de sonidos.
Fui a actualizar algunos documentos, y escuché mi nombre. ” Qué milagro que lo veo doctor” contesto el saludo, es una muejer de baja estatura y de pelo entre cano. ” Mira hijo, este es el doctor que te curo” y me pregunté, ¿de qué lo curaría? , poco después cuando esperaba mi turno, la señora de junto, me habla ” Todavía tiene su consultorio” le digo que sí y a boca de jarro le dije ¿ La he atendido a usted? No, a quién atendió fue a un vecino, que me ha dicho que es usted muy bueno. Gracias, le digo. ya para salir cruzo la mirada a lo lejos y veo la plaza , el baile, las muchachas, tenía menos de veinte años y yo sabía que iba a ser médico. “Adios médico” me dice un empleado del ayuntamiento, lo saludé con un giro de la mano y èl sonrió. Caminé despació, pues ya de rodillas tengo un par de sonajas que truenan con cualquier cosa. Me digo:hoy fue un día de suerte, me ha tocado platicar con pacientes que Dios me ha hecho curarlos… Mañana tal vez no sea lo mismo, pues también guardo historias tristes.