Una noche fui luciérnaga
y con mi luz guié a un barco de papel.
La vida complaciente me hizo faro
y por placer desilachaba a la noche.
Un día, los barcos pasaron de largo
y sin luz, la oscuridad encendía las estrellas.
Hoy, no soy candela,
ni faro.
Soy un gigante ciego.
Que escucha el silbido del viento,
y el chapoteo del barco atunero.
La noche es fecunda,
las  luciérnagas:
juegan, ríen, y titilan
en  mi vientre.
Me abrazo y me beso,