Poemas de Ana Basilio

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El secreto sería que te volvieras Peter Pan

Tiembla el aire de día sobre la sombra de las líneas

La una de la tarde es el momento de la luz

No hay lugar donde me pueda esconder del sol

Por eso me hago Campanita

Mi ad litem es vivir dentro de una manzana

amarilla para que la estrella se confunda-

Nadie me buscará dentro del súper

Y mucho menos ahora que el kilo está a noventa pesos.

Outsider

Quisiera estar con cualquier otra persona que no seas tú.

Helado flotante sobre la mesa.

Animal de salvia, sólo sabes herir.

Bufas y gruñes sobre la arena creyendo pasto.

Ojalá tuvieras calor de playa y no de desierto

para que un beso tuyo pudiera sentirse de carne, 

y no como el Dios de metal que te crees que eres

revisando el celular, golpeando al piso

tragaste las moscas alrededor de mi cabeza

y adentro de ella.

Bestia de felpa. Tus arañazos ya no me hacen ni tantito.

A través de la hoguera te vi.

Ya te vi,

escorpión de madera.

Ana Basilio (Poza Rica, Veracruz, 1992). Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana y Derecho en la Universidad Veracruzana. Es autora de Éter para victimarios (Ediciones Sediciones, 2019) y de las plaquettes Manifiesto bacanal (C.L., 2012) y Alógena (Astros, 2008). Parte de su trabajo aparece en Escaparate de PoesíaRevista El HumoFemFutura Poetry Slam Madrid, entre otras publicaciones. En 2021 participó en la antología Novísimas: Reunión de poetas mexicanas, Vol. Il, de la editorial Los Libros del Perro. Es integrante del taller de poesía de Grafógrafxs.

Marvel de Rubén García García

Sendero

Caminan drogados con solventes. Irrumpen, acosan a la comunidad que pide auxilio y corre. Y cuando parecía que la violación sería inminente saltó en su ayuda el Superimán, quien dobló a la banda de los clavos sin cabeza en aquel taller maléfico de carpintería.

Pasarela de Rubén García García

Sendero

La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue víctima de una avispa que le inoculó su semen. Semanas después, del vientre del arácnido, saldrían, una tras otra, avispillas luciendo sus vestidos confeccionados en seda.

EL MÉDICO DEL CORONEL AURELIANO BUENDÍA. Frag «cien Años de soledad»Gabo.

Compartiendo

-¿Algo más? -le preguntó el coronel Aureliano Buendía.

El joven coronel apretó los dientes.

-El recibo -dijo.

El coronel Aureliano Buendía se lo extendió de su puño y letra. Luego tomó un vaso de limonada y un pedazo de bizcocho que repartieron las novicias, y se retiró a una tienda de campaña que le habían preparado por si quería descansar. Allí se quitó la camisa, se sentó en el borde del catre, y a las tres y cuarto de la tarde se disparó un tiro de pistola en el circulo de yodo que su médico personal le había pintado en el pecho. A esa hora, en Macondo, Úrsula destapó la olla de la leche en el fogón, extrañada de que se demorara tanto para hervir, y la encontró llena

de gusanos

-¡Han matado a Aureliano! -exclamó.

Miró hacia el patio, obedeciendo a una costumbre de su soledad, y entonces vio a José Arcadio Buendía, empapado, triste de lluvia y mucho más viejo que cuando murió.

traición -precisó Úrsula- y nadie le hizo la caridad de cerrarle los ojos.» Al anochecer vio a través de las lágrimas los raudos y luminosos discos anaranjados que cruzaron el cielo como una exhalación, y pensó que era una señal de la muerte.

Estaba todavía bajo el castaño, sollozando en las rodillas de su esposo, cuando llevaron al coronel Aureliano Buendía envuelto en la manta acartonada de sangre seca y con los ojos abiertos de rabia.

Estaba fuera de peligro. El proyectil siguió una trayectoria tan limpia que el médico le metió por el pecho y le sacó por la espalda un cordón empapado de yodo. «Esta es mi obra maestra -le dijo satisfecho-. Era el único punto por donde podía pasar una bala sin lastimar ningún centro vital.» El coronel Aureliano Buendía se vio rodeado de novicias misericordiosas que entonaban salmos desesperados por el eterno descanso de su alma, y entonces se arrepintió de no haberse dado el tiro en el paladar como lo tenía previsto, sólo por burlar el pronóstico de Pilar Ternera.

-Si todavía me quedara autoridad -le dijo al doctor-, lo haría fusilar sin fórmula de juicio. No por salvarme la vida, sino por hacerme quedar en ridículo.

La furia de la rutina de Rubén García García

Sendero

Ayer se tituló la más chica de la familia. Fueron veinte años de levantarse todos los días antes de que el sol saliera para solventar los gastos de la “niña” «dormiremos hasta que el sol nos despierte» —se dijo el matrimonio.

En la alborada la cama les propinó una patada por el trasero y en silencio se vistieron para allegarse al quehacer de todos los días.

Poesía japonesa de Rubén García García

sendero

Se van los pájaros

como la juventud.

Amor de otoño,

tarde de suaves ocres,

y humores coincidentes.

La tormenta de Rubén García García

Sendero

Se han detenido las nubes oscuras, gordas. Las gallinas suben a la rama. Mamá mete la ropa, cubre los espejos, cierra las ventanas, desconecta el enfriador, prende una veladora. El perro se ha enroscado en el rincón de la cocina. El enorme zapote cruje y los tordos gritan buscando cobijo. Voy a mis cuadernos usados y ya tengo lista mi flota de barcos. Un trueno nos cimbra, brinco a los brazos de ella «es un rayo y cayó cerca de aquí» dice mi madre. ¿verdad mamá que los barquitos se asustan con los truenos y los rayos?

Quisiera poesía de Julie Sopetrán

Quisiera irme lejos, muy lejos de aquí romper el camino que dejé a mi paso; volver a ese mundo que crea el payaso retornar al pueblo donde yo nací. Quisiera esta tarde, saliendo de mí volver a la escuela para dar repaso a todas las notas que fueron fracaso y aprender del gallo su quiquiriquí. […]

QUISIERA — Eltiempohabitado’s Weblog

La mirada de Rubén García García

Al caminar por la alameda hay una estatua que siento que me mira.

Hace tiempo caminaba con mi novia tomados de la mano por el malecón de un puerto. En un instante se desató y corrió hacia una banca, y cruzó la pierna imitando a una estatua. Algo sucedió, que nunca más supe de ella.

Me llené de años, y en mi ruta tengo que pasar por el bosque y encontrarme con la mirada que me perturba.

Un día, cansado, la enfrenté cara a cara, ojo a ojo y encontré en su frente la historia de mi fugacidad. Me quedé a su lado y dejé que mi cuerpo se perdiera en la arboleda.

Insomnio de Rubén García García

Sendero

A ls dos de la mañana convoqué a las ovejas y solo llegó una.

¿Dónde están las demás?

—Están recibiendo instrucciones del nuevo perro ovejero.

—¿Entonces, tú por qué estás aquí?

— El, me dijo que yo tendría otras instrucciones, que me esperara.

La niña el hado y el león de Rubén García García

Sendero

Makiu implora que aparezca su hado. Está sentada en la cama y no puede dormir. Él llega deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:

—¿Qué te sucede?

—Cuando empiezo a dormir, sale un león y me persigue.

El hado sonríe.

Duerme.

Él entra en su sueño y sí, hay un enorme león.

—¿El león es de melena negra?

—Sí —dice la niña.

—Ya no te molestará.

El hado se retira y sonríe satisfecho cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana y sueña con un campo de flores. Hay un extenso jardín donde florean las azaleas. Entre los tallos y las ramas irrumpe el color negro de una melena y el brillo frío de unos ojos. Se despierta angustiado y de inmediato le habla a su hada madrina… Y así, hasta que todos se quedan dormidos, incluso el león de melena negra.