PUROCUENTO RESULTADOS ESTADÍSTICOS

EL BLOG  PUROCUENTO  WWW.TEECUENTO.WORDPRESS.COM Es una plataforma de cuentos  de todo el mundo,  lo que leo y selecciono. Espero que la visiten  cuando deseen.  Un abrazo

http://teecuento.wordpress.com/2013/annual-report/

Los buenos amigos y los que vendrán

maripEres palabra de agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.

Caminas entre mis zapatos ofreciendo apoyo a mis cansancios, a mi poesía que necesita belleza, viento, ala y libertad para amar o construir muros de silencio. Eso es grande, tanto como pulsar el cielo y la fatiga de la mariposa.

Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 11.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

La dieta

An exhibit shows the life of a neanderthal family in a cave in the new Neanderthal Museum in the northern town of KrapinaEn mi tribu cada año nacen menos y enterramos más. La recolección de leña es pobre, y el frío que se avecina será atroz. El valle se ha ido marchitando. El forraje fresco lo disputamos con los animales. Si emigrásemos, las montañas serían nuestra tumba.

Chak, Chia y yo fuimos hacia la manada de puercos. Ningún animal nos teme porque somos vegetarianos. Con sigilo, apartamos dos pequeños del rebaño y los purificamos con fuego en la pedrera. La tribu se resistía a comerlos, pero los estimulé cuando yo lo hice.

El ulular del viento anuncia las heladas. Hay suficiente leña y los críos tienen sol nuevo en sus ojos.

El consejo

fetEl viejo Doctor Torres abrazó a su ahijada y la llevó a un anexo del consultorio. Con los ojos dilatados la púber miró los botellones donde estaban suspendidos desde el  feto más grande al más chico. Los cráneos simulaban pelotas macabras de diferentes tamaños y de ojos sin mirada. La mano del doctor recorrió su cuello y le jaló la oreja.
— Cada vez que forniques, siempre estarás en riesgo de que tu matriz forme una criatura como las que están en los frascos.

Años después, cuando hacía el amor, ella veía en la frente de su amante  aquellos ojos que con una mirada ausente la juzgaban.

El cd

museoA esas horas la multitud corría estrepitosa. Los carros fluorescentes tomaban el carril de acuerdo a la amplitud de onda y se desplazaban dejando un silbido melodioso en el ambiente. Miró la banda. Los sensores identificaron su estructura metabólica y le dieron paso al interior del museo.
—No tenemos mucho tiempo, amigo. Créame que arriesgo mi trabajo. Sólo disponemos de treinta minutos. Ésta es una de las pocas máquinas que aún funcionan en el mundo. Pero… ¿Sabe utilizarla?
—Por supuesto que sí. Hace setenta años había miles.
—Confío en usted. Lo dejo. Voy al centro de vigilancia.

Tomó el disco compacto que celosamente había guardado. El brillo metálico reflejó su rostro ajado en la carátula; movió la cabeza. Recordó que la vida había sido justa con él, pero no le dio la oportunidad de estar al lado de ella. Prendió la máquina, y la luz del monitor se desparramó sobre su calvicie. Insertó el disco en la unidad. El láser tardaba en darle lectura. Poco a poco, aparecieron las letras como si hubieran sido escritas el día de ayer. Sintió un calorcillo e imaginó el momento en que esas líneas fueron tecleadas por ella. Relataban emociones, instantes de soledad. Transitaron desde sensuales momentos, hasta la opresión por la pérdida de su padre.

Volvió a leer lo que había sido el principio del silencio: “Siempre tuve la impresión de que un acto de infidelidad me dejaría con el sabor de haber masticado lo amargo de unas hojas y con un sentimiento sucio, pero contigo las cosas tomaron un rumbo distinto; a tu lado sentí la suavidad. ¡Nunca había percibido la brisa que nace de la montaña! Mi nombre fue hermoso en tu boca y tuve una sonrisa diferente al poseer el sabor de lluvia y cedro de tu cuerpo. En mis noches frías, la fragua de tus manos despertaba en mí a la mujer. Nada como sentir que vamos caminando por una banqueta y que tú cargas mis libros, y yo juego con tus labios en cada una de las esquinas en que nos detenemos y contemplamos la reunión de las cosas, pero…”
—Dispone sólo de tres minutos.
— ¿Hay alguna forma de pasarlo al nuevo formato?
—Tal vez, no obstante, lo desconozco; para nosotros es sólo chatarra tecnológica. Lo siento.
Vio las palabras una vez más y apagó el monitor.

Desasosiego

untitledBendito el marido que me ha tocado. Tiene horas que se fue, pero algo me dice que se quedó la mitad de él. Ya repasé la casa de cuarto en cuarto y no hay nadie. No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía porque es capaz de todo.

 Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra. Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió como diciéndome: ¡eso no basta!

 Cuando voy a hablarle a alguno de mis amigos íntimos, repiquetea el teléfono y es él preguntándome:

-¿Qué haces?

 Me sobrepongo de mi sorpresa y le digo:

-Aquí, regando las flores.

 Aún no sabe que el vecino tiene unas dalias hermosas.

Deseos

mujer espaldasDeseo que me abrace, olerla en silencio. Recorrerla con mis manos y llenarme de vueltas. Y ya  de espaldas, besarle la nuca, los hombros. Adherirme a su envés y percibir el calorcillo que la estremece  y hace  que le crezcan rosas en la cadera.

Petición

cafeEl café dejaba una nube de olor que se fundía con la luz de los faroles. Hasta nuestros oídos llegaban los arpegios de la guitarra de un trovador.
Mi voz suave y lejana:
– ¿Quieres casarte conmigo?
Tu cara encajó en el desconcierto, tus pupilas languidecieron.
-Eres especial, tenemos días increíbles, pero no es buena la idea- me dices con acento firme y besándome la mejilla.

Hoy estamos alejados. Tú vives administrando insumos y vidas, y yo… corriendo aventuras con el Quijote.

Arboles_023Caminas a mí alrededor y  tus brazos caen como aviones  sobre mis hombros. El café recién hecho  sabe la historia de mi vida.  El olor que se derrama cabizbajo te incluye. En tu danza pareces una barca que rompe el himen de mi agua. Al retirarte  mueves la cabeza, sonríes y  dices que soy un caso perdido. Bien sabes que escribo para ti.

Entregada a las nubes

barrileteEres el que amo. Hay quienes halagan y halagan como fórmula para enamorarte, pero no me mueve. Estoy con el que no puede estar siempre para mí, sólo momentos. Sin embargo, todo el coraje contra la vida desaparece cuando me sonríe. Nunca sabré qué es mejor: sí haberte conocido, o no, pero en este momento no dudaría en estar a tu lado. Mis días los llenas, y eso es enorme. El mañana no lo dejo entrar.

La danza

danzLlueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos.Gotas gruesas,  pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear,  fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.

 Las chachalacas gritan  y  van de árbol en árbol buscando cobijo. Yo sigo sentado en la poltrona. Me gusta el relajo que arma la lluvia. Me desatiendo de  los gritos que hacen las mujeres y solo me concentro en la danza de las gotas.

 Imagino bailar pintado de sombras y caliza entre un grupo de negras. En ese momento exudo calor y soy  un macho cabrío que afila las pezuñas en las vetas de la roca.

 ¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,de los guajolotes y chachalacas!Con los ojos entrecerrados  sigo meciéndome,  mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua y la danza del vigor me estremece.

Esos amores

mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515Mientras aseo la vivienda, tropiezo con un detalle que abre la memoria. Los recuerdos vuelan alrededor de mi mente, pero no van a ninguna parte; siempre vuelven al refugio. ¡Nunca duermen! Muevo la cabeza, y me digo: ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego?

Todas las tardes salgo y miro el horizonte, el mar, el ocaso y no veo una luna diferente, ni astro que sirva de señal. ¡Dios, el barco que espero tarda demasiado!

El mar rumia cuando azota la roca. Si quitara el mar y la roca, seguiría oyéndolo dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

EL REGALO

Nuestra amiga Gaviota nos ha invitado a participar en un juego, se trata de escribir un pequeño relato y publicarlo en su blog: Gaviotas con amor.

Las personas que participen, además de publicar el relato, deben elegir a seis compañeros para que hagan lo  mismo. El mejor texto se llevará el premio honorifico: El Corazón de Chocolate.

Los amigos que han ivitado son los mismos amigos que tengo.

piedraEs media noche y por la ventana se cuela una brisa que llega de un mar lejano. Frente al monitor, ella lee un poema en voz baja. Visualiza las imágenes y piensa en su juventud. Inquieta, va hacia la cocina para tomar un vaso de agua fresca. Regresa y vuelve a leer. Con prisa escribe un comentario al autor.  Al ducharse el agua que cae sobre la piel,  la asocia a un fragmento del poema leído. Apaga la luz y sabe que mañana será un día de trabajo duro.

En un punto distante, él da lectura a los comentarios que su poema ha motivado. Uno de ellos dice: “La forma en que ofrece sus versos se aparta de lo clásico, pero es más audaz. El contenido es de un erotismo que sacude sin que tropiece con lo vulgar”. Sonríe y contesta dándole las gracias. La invita a intercambiar opiniones, por lo que añade su dirección electrónica.

Después de caminar, desayuna e inicia labores de supervisión en una compañía distribuidora de libros infantiles. Él es un agente viajero que se dedica a la venta de refacciones para autos. A ambos les queda algún tiempo libre que lo disfrutan contestando mensajes de agradecimiento a las personas que reseñan sus escritos, después, coinciden ocasionalmente para platicar por el messenger. Ella en su casa, él sólo cuando encuentra el servicio en los pueblos que visita.

VEINTICINCO AÑOS ATRÁS.

Los turistas salían en grupo; a ella le decían la pequeña. Cuando no la veían, la buscaban.

La tarde vieja se iba. Ella miraba en los aparadores: el vestido, la bolsa, el zapato, y la orfebrería trabajada en plata, pero había un collar que no estaba en ninguna vitrina. Lo vendía un artesano que los tejía con hilos y cordones de luna y, poco a poco, iba forjándolos con grecas, cruces y tejos entreverados de colores; es el amarillo el color que mejor resalta.
– Es la piedra de tigre, así le decimos allá de donde vengo. Mire, tiene forma de corazón y será de buena suerte para el amor. Cómpremela güerita.

Se colgó el collar y el corazón atigrado lucía bien en el nacimiento de sus pechos. Las mujeres maduras  aplaudían el buen gusto. Caminaban en grupo mirando las estatuas que adornan la banqueta y llegaron a una parte muy arbolada donde un saltimbanqui actuaba. Era una alameda.

Él llegó a la ciudad para hacer un curso sobre ventas. Éste había finalizado y tendrían una ceremonia con algunos empresarios. Faltaban aún dos horas y decidió dar un paseo por la alameda. Poco después, se encontraba entre la gente que aplaudía las gracias del bufón.
Cuando  terminó, cayó un aguacero. Él encontró una saliente de un pequeño kiosco y ella también. Estaba inquieta, nerviosa, viendo para todos lados tratando de encontrar a las compañeras de viaje. Él se percató.
— ¿Busca a sus familiares?
Ella no supo qué contestar, pues ignoraba las intenciones de él.
— No desconfíe, —dice— sólo trato de ayudar.
Ella sonrió nerviosa.
— Gracias. Dijo despacio.
El chubasco no cede y la humedad redobla el frío. Ella temblaba. Él sacó el paraguas.
— ¿Desea que vayamos al café que está enfrente?
Los dos, bajo la sombrilla, tenían que mirarse, y él vio el color azulado de su iris.
—Sus ojos tienen la belleza del cielo.
Ella salió del paraguas y miró hacia arriba. Él, sorprendido, irrumpió en una franca carcajada.
—Es usted muy irónica. Sólo quise decir del cielo limpio, no éste.
Casi llegaban al restaurante:
—Lléveme a dar una vuelta, hay una estatua que no pude verla —pidió ella.
— Nos vamos a mojar más.
— ¿Es de sal? –inquirió ella.
Se van perdiendo entre el agua y el correr de la gente. Sonríen. Al salir de la arboleda, ella escucha que su nombre es pronunciado a coro.
—Allí están mis amigas. ¡Es usted muy gentil!
Corre hacia ellas.

Él se quedó atónito. Tocaba su boca sin creer aún que los labios de ella lo habían besado. Ella se perdió de su vista cuando alcanzó al grupo de amigas.

PRESENTE 

Es un correo electrónico que ella lee.
“Este día ha sido pesado. Tuve que internarme entre los pueblos del valle con temperaturas hasta los cuarenta grados, o más. La venta fue pobre; regresé al hotel empanizado por el polvo, cansado y pidiendo a gritos un baño. Tu correo es un estímulo para no enojarme con la vida. La lectura que me ofreces de la visión del principito me produce una emoción plena, me hace verte rodeada de niños, escuchando atentos las historias que les cuentas”.

Ella le hace llegar una serie de fotos. Una llama su atención: es una joven demacrada de mirada ausente. Está recostada en una poltrona. Explica en el correo que un día antes tuvo vómito, que recién había llegado de un largo viaje.

En la noche, entre sueños, veía los ojos de la joven: parecía un ave que entraba y salía por la ventana de su mente. En la mañana decide ampliarla y observa que el vómito no puede dar una mirada tan lejana. Se lo refiere. “Eres muy imaginativo” -le contesta. Él no insistió, pero a hurtadillas veía la foto y descubría la sensación de haberla conocido antes, sin embargo, meditó que la confusión era lógica, pues tenía fotos actuales de ella.

La ocupación de ella era adiestrar a los trabajadores para facilitarles la venta de los libros, así como supervisarlos en el campo. Ese día terminó su actividad. Estando cerca de la casa de sus padres fue a visitarlos. Su mamá salía del baño. Sentada en el tocador le ordenó:
-Por favor, ve a mi recámara y tráeme mi collar de oro. Si no lo encuentras allí, mira en el guardajoyas que me regalaste.
Efectivamente, no estaba en el primero, y miró en el segundo: era una canasta de mimbre de colores, y recordó el obsequió que hizo a su mamá. Tomó el collar de su madre, pero arrastró otro al mismo tiempo. Al observar los cordones de plata que servían para mantener fijas las obsidianas, recordó el viaje, la compra, la tormenta. Se percató que la piedra atigrada del collar había desaparecido. Sutil, le comentó:
– ¿No te acuerdas? ¡Qué memoria tienes! Me dijiste que te lo guardara y eso hice, allí está, como me lo diste. Nunca más lo volviste a mencionar, pero si deseas, llévatelo- le contestó su mamá.

Tanto para él como para ella, el tiempo corrió como los trenes subterráneos. Los sueños se quedaron en alguna parte de la vida y llegaron los deberes y la crianza de la prole. Muchas alegrías se abrieron a medida que los hijos crecían. El tiempo era un constante caer de hojas en las que las obligaciones entraban temprano y salían muy tarde. Es como estar en un permanente claroscuro, o como si los días hicieran la misma coreografía.

Ella estaba unida con un corredor de bolsa, hombre prudente, sin tacha, que le exigía atención. Él, en otro punto de la tierra, se percató que el sueldo que ofrecía una empresa sólo es para subsistir, por lo que intentó abrirse paso por sí mismo, pero las condiciones del país no favorecían. Salía muy temprano y dormía en hosterías pobres para no excederse en gastos. El tiempo se le iba en visitar pequeños talleres y ofrecerles su mercancía.

En los últimos años los días empezaban con ese gris sucio. A medida que volaban las horas, la mácula iba dejando lugar a pequeños brotes que llegaban pálidos. Por la noche, toman un tono verde incierto. Leer los correos que intercambiaban los hacía mecerse en otro espacio, salirse del tiempo. Para Navidad habían acordado intercambiar regalos, sin tener que comprarlos. Algo de ellos.

Al abrir los paquetes, él se encontró con un collar de obsidianas sujetos por hilos de plata. Ella con una piedra en forma de corazón con un ámbar trozado por rayas negras que le recordaba los destellos amarillos de las lámparas y la penumbra parda de los álamos.

piedra

Genio y figura

velatorio Velaba a su esposa cuando se abrió la tapa del ataúd y salió con la facilidad de un cadáver joven. Dio dos vueltas al féretro, lo golpeó y volvió a introducirse. Paneó la mirada y cerró el ataúd suavemente. Señal inequívoca de que estaba satisfecha.