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El camino es monótono, crecen yuyos que duermen. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. La luz de la luna alumbra un árbol deshojado, un pájaro de ojos brillantes, canta:
Prepara un té.
La La encontraron muerta. Bajo de ella; un charco de lágrimas. El médico forense anotó: deshidratación severa por tristeza esencial.

El gusano abrió los ojos. Frente a él había una rosa, rodeada de brillantes hojas. Se arrastró y mirándola le dijo:


Subía con la lata de cemento al hombro, el sudor irritaba la visión. Depositó la mezcla y resolló. Había una enramada de hojas violetas brotando del cielo. Bajó para volver a llenar el recipiente de mezcla y subir: “Lo veré cargado de colores y con nubes retozando entre azucenas”. Pidió la botella a un compañero para deslizar cinco tragos de caña. Sabía que eso le garantizaría el color del cielo. De nuevo hacia arriba, pujando con la carga. Sólo faltaba la mitad de la loza.
Cae la tarde.
Casi identificaba al Ser cuando lo arrasó un sueño profundo.Roncó. Tuvo certeza que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La madre fue acercándose a la hamaca; tras el primer garrotazo siguieron los demás. “¡Levántate huevón, bueno para nada, deja de soñar y ayuda, no ves que la casa es un muladar”!
Eres palabra. Agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.

