Ojo, mucho ojo

Así que ya es abuela y tiene la dicha de haber visto crecer a los nietos y que resulta irresistible no darles beso cachetero.  El virus, si lo contraen los nietos es posible que no pase a mayores, pero si lo contraemos los adultos en bajada y aunado a otros factores de riesgo, podemos ingresar a la estadística de los desafortunados… y le aseguro, que se muere con mucha angustia. El mejor tratamiento es prevenir, evitar que el animal se ponga en contactos con nosotros. ¡Cuídese!

Sindrome-de-Insuficiencia-Respiratoria-Aguda | Sociedad Médica ...

Un cuento de Carl G. Jung

Este cuento fue soñado por Carl Gustav Jung en la década del 60 y publicado en su ‘Libro rojo’:

«-Capitán, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.
-¿Qué te inquieta, chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?
-No es eso, Capitán. No soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar mi familia.
-¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar a alguien que no puede aguantar la enfermedad?
-No me lo perdonaría nunca, aún si, para mí, han inventado esta peste.
-Puede ser. ¿Pero si no fuese así?
Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de mi libertad, Capitán, me han privado de algo.
-Prívate tú de algo más.
–¿Me estáis tomando el pelo?
-En absoluto. Si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido.
-Entonces, según Usted, si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?
-Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.
-¿Y qué es lo que os quitaste?”
-Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Eran meses que llevaba esperando llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos prohibieron bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a reaccionar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Reflexioné sobre aquellos que tienen muchas privaciones cada día de su miserable vida y decidí vencer. Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido el hombre en salud.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Me impuse leer al menos una página cada día de un tema que no conocía. Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza. La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a una cualquiera entidad por no haberme dado como destino privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado también adquirir la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos y así esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajado a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Todo lo que podemos obtener enseguida, nunca es interesante. La espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.
-¿Cómo acabó, Capitán?
-Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.
-¿Os privaron de la primavera, entonces?
-Sí, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente. Me había llevado la primavera dentro de mí y nadie nunca más habría podido quitármela.»

Tomado de fb

Un hombre y su pasado de Lydia Davis

 

Creo que Madre está coqueteando con un hombre de su pasado que no es Padre. Me digo: ¡Madre no debería tener relaciones inapropiadas con este hombre “Franz”! “Franz” es un europeo. ¡Le digo que no debería ver a este hombre inapropiadamente cuando Padre no está! Pero estoy confundiendo una vieja realidad con una nueva realidad: Padre no volverá a casa. Se estará quedando en Vernon Hall. En cuanto a Madre, ella tiene noventa y cuatro años. ¿Cómo puede haber relaciones inapropiadas con una mujer de noventa y cuatro años? Bien, creo que mi confusión es la siguiente: aunque su cuerpo está viejo, su capacidad de traición sigue joven y fresca.

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Freda Kahlo

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Ella quería un gato…de Rosa Yañez

Yo quería un gato pero mamá no. Al final, para callarme, trajo esta carpa aburrida que da vueltas y vueltas en la pecera que parece un balón pero que ni siquiera lo es. Yo, en venganza, me he dedicado a insistirle en que es un gato -«eres un gato, eres un gato, eres un gato…»- a medias rabioso contra la realidad a medias hastiado de su absurda compañía. Ahora me siento un poco mal, la he visto frotarse contra el cristal, mirar con interés al canario y me parece que ya no le gusta estar dentro del agua.

PEZ BAGRE O GATO: Aprende Todo Sobre Esta Especie De Mar O Río

Bocaccio y la Peste y nosotros

¿Qué requiere para que viva  el parásito?

Explican que la peste,  irrumpiera en los meses cálidos y después de haber tenido lugar importantes precipitaciones. Las condiciones en que vivían los seres humanos en la Europa del siglo XIV, particularmente en los núcleos urbanos, en donde abundaban las ratas, y la elevada promiscuidad facilitaban el contagio . No obstante, los europeos de mediados del siglo XIV, aunque ignorantes  de la interpretación científica del mal que padecían, buscaron una explicación de la epidemia, sacando a colación los más variopintos argumentos. Buscaban un chivo expiatorio, al que culpar de las desgracias  ¿Porqué no acusar a los leprosos o mejor aún a los judíos,  que sobre el que pesaba la acusación , de haber dado muerte a Cristo? De acuerdo con esa explicación ellos habrían envenenado las aguas y corrompido el aire. Pero fue rechazado debido a su notorio carácter demagógico. En su lugar se ofrecieron otras posibles: la peste negra era  un castigo enviado por los pecados cometidos . Pero también se barajó otra hipótesis, de carácter astrológico: la epidemia quizá era una consecuencia de una fatal confluencia de los astros. Oigamos a los testigos.

Bocaccio dudaba entre las dos últimas hipótesis. La peste negra se difundió, nos dice el escritor italiano, «fuera por la influencia de los cuerpos celestes o porque nuestras iniquidades nos acarreaban la justa ira de Dios para enmienda nuestra». Un texto muy diferente del anterior, proveniente de la Corte pontificia de Aviñón, las «Vitae Paparum Avinonensium», apuntaba en la misma dirección, pues, tras rechazar la culpabilidad de los judíos, también mantenía sus dudas entre la explicación astrológica y la de carácter ético: «Corrió el rumor de que algunos criminales, y en particular los judíos, echaban en los ríos y en las fuentes veneno. En realidad la peste provenía de las constelaciones o de la venganza divina». Los universitarios de la época, por su parte, ponían el acento en la idea de que la epidemia había tenido su génesis en una determinada conjunción planetaria. Así, por ejemplo, el cirujano Guy de Chauliac, una persona de gran prestigio en su época, afirmaba que la causa del morbo se encontraba en la coincidencia de los planetas Saturno, Júpiter y Marte en un determinado día del año 1345. Era la interpretación académica, lo que explica que fuera, a la postre, la que gozara de mayor predicamento.

Así estaban las cosas por ese tiempo. Ahora enfrentamos otra epidemia. que no deja de ser epidemia, solo cambian los actores. Tenemos un contexto científico envidiable, Sabemos como evitarla y dentro de unos años solo será recuerdo.

De aquellos tiempos nos queda algo: el miedo, el pánico que a veces suele ser peor que la enfermedad. Se difundió el rumor de que los gatos eran los causantes del atropello y le dieron baje a todos los gatos, cuando  en realidad eran las ratas y que el único depredador era el gato.  Ahora los chismes se difunden por las redes sociales. Cómo ven… no hemos cambiado mucho.

La peste negra: síntomas y causas de una epidemia mortífera

http://medcomunitaria.zoomblog.com/archivo/2006/09/23/bocaccio-y-la-peste.html

El amenazado de J. L. Borges

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.  La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Desde muy temprano, desarrolló afición por la lectura y fue adquiriendo una gran erudición por influencia familiar. Gracias a una abuela paterna inglesa, su alfabetización fue bilingüe. A los 4 años ya sabía leer y escribir, y a los 10 ya había escrito su primer relato y publicado en un periódico local la traducción al español de un cuento de Oscar Wilde.

Jorge Luis Borges JovenEn busca de un tratamiento para la progresiva ceguera de su padre, en 1914 la familia se instaló en Ginebra, Suiza, donde Jorge Luis Borges cursó el bachillerato. En 1919 se trasladó a España, donde entró en contacto con el movimiento ultraísta y colaboró con poemas y crítica literaria en diversas revistas. Dos años después, regresó a Buenos Aires y participó activamente de la vida cultural de la ciudad, fundando con otros importantes escritores la revista «Proa». En 1923, lanzó su primer libro de poemas, «Fervor de Buenos Aires». Tras varias publicaciones, la consagración llegó en 1935 con su primer libro de cuentos, «Historia Universal de la Infamia».

Para garantizar su subsistencia, trabajó como bibliotecario en Buenos Aires de 1938 a 1946. Sin embargo, en ese último año Juan Domingo Perón asumió la presidencia de Argentina. Como Borges se oponía enérgicamente al peronismo, se sintió obligado a renunciar y pasó a trabajar durante varios años como profesor de literatura inglesa y como conferencista itinerante. Con la caída del régimen peronista en 1955, Jorge Luis Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional.

Durante esos años, el escritor inauguró el universo fantástico de sus narrativas, incluyendo dos de sus libros de cuentos más reconocidos, «Ficciones» (1944) y «El Aleph» (1949). También escribió diversos libros en coautoría con el amigo Adolfo Bioy Casares y con varios otros colegas.

Jorge Luis Borges y Maria KodamaDesde adolescente, Borges comenzó a padecer la misma enfermedad que su padre, sufriendo una pérdida casi completa de su visión en 1955. Siguió adelante dictando palabras, primero a su madre y luego a su alumna, asistente personal, amiga y finalmente esposa, María Kodama. Empezó a publicar libros bajo esa modalidad, sin nunca perder el oficio o la magia.

Borges recibió importantes distinciones de las más prestigiosas universidades y de varios gobiernos extranjeros, además de numerosos premios, entre ellos el Formentor, en 1961 (con Samuel Beckett), y el Miguel de Cervantes, en 1979. Por una u otra razón, el Premio Nobel siempre se le fue negado.

Jorge Luis Borges pasó sus últimos días viajando por el mundo al lado de María Kodama. Vino a fallecer el 14 de junio de 1986 en Ginebra, ciudad de su primera juventud, sin haber dejado hijos. La viuda de Borges es, desde entonces, la mayor divulgadora nacional e internacional de la obra del célebre escritor.

Jorge Luis Borges

https://www.poeticous.com/borges/el-amenazado

 

El Covid 19 es un niño de pecho… comparado con …La viruela*

Dañaste a reyes y aldeanos. la mayoría muertos, otros ciegos. En mi perversidad mezclaré tus ácidos para forjarte más letal; me excita saber que un descuido puede ser mi mortaja. Un día, cuando nadie te nombre y solo seas referente, en el mejor aeropuerto te dejaré olvidada. Quince días después renacerás en forma de vesículas hediondas de pus y fatalidad. en la hecatombe te preguntaré desde mi fosa: ¿estás satisfecha?RGG

*La viruela es una enfermedad aguda y contagiosa causada por el virus “variola”. Recibe su nombre del término en Latín que significa “moteado”, haciendo referencia a los bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. Históricamente el virus ha matado al 30% de las personas que lo han contraído. Los que han sobrevivido a menudo quedaban ciegos, estériles, y con profundas cicatrices, o marcas de viruela, en la piel.

La OMS calcula que el virus de la viruela ha sido responsable de más de 300 millones de muertos… solo en el siglo XX.

Pocas gentes en el mundo están protegidas contra la viruela. Como ya no hay casos, ya no se vacuna.

Solo  existen dos laboratorios del mundo que albergan partículas virales,  pero ¿quién nos asegura que algún político o científico fuera de sus cabales no sea capaz de manipularla geneticamente y dejarla olvidada  por ahí…?

Mucha tecnología pero pocos avances hay en el alma de los hombres.

https://www.nationalgeographic.es/ciencia/viruela

https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/hay-que-destruir-las-reservas-del-virus-de-la-viruela-12140

Virus de la viruela

El tiempo…Yasunari Kawabata

«El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo».

Escritor japonés que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1968 por su «pericia narrativa, capaz de expresar la idiosincracia japonesa con enorme sensibilidad». Fue sobre todo un refinado transmisor de atmósferas y emociones, que plasmó con un lenguaje de singular belleza lírica. Sus temas intimistas, a menudo amorosos, son exploraciones de la soledad y de las delicadas relaciones del individuo con los otros y con la naturaleza.

Tuvo una infancia trágica, signada por la sucesiva muerte de sus familiares más próximos. Completamente solo en el mundo a partir de los quince años, «niño sin familia ni hogar», como se autodefinía, completó su educación en un internado y luego en la universidad imperial de Tokio, donde se licenció. Su temprana pasión literaria lo llevó a participar en grupos de vanguardia como el de los neosensacionistas, que oponían el lirismo y el impresionismo al realismo social de los escritores proletarios, y fue un activo impulsor de movimientos y revistas.

En 1925 publicó Diario íntimo de mi decimosexto cumpleaños, género muy frecuentado por los autores japoneses, pero su estilo cobró verdadera personalidad y madurez en los relatos de La bailarina de Izu (1926). Kawabata, cuya sensibilidad le permitía meterse como nadie en la piel de sus personajes femeninos; cultivó un tipo de novela breve, casi en miniatura, desgarrada y episódica. Su obra cumbre es quizá País de nieve (1937), que narra la relación entre una geisha que ha perdido la juventud y un insensible hombre de negocios tokiota.

http://margendelectura.blogspot.com/search/label/Yasunari%20Kawabata

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kawabata.htm

 

 

Hermann Hesse, «Wenkenhof» fragmento

Aquella noche, antes de una hora, me despertó una suave música de piano. Sin hacer ruido, con cautela, bajé de la cama y entreabrí la puerta del salón. Una luz débil y parpadeante entró en la habitación y la música sonó con más fuerza. Reconocí un minueto de Mozart, en los dedos de una mujer. Otro pequeño empujoncito a la puerta, con cuidado…

Al piano estaba sentada una hermosa muchacha con vestido blanco de rayas lila y el talle muy alto, al estilo Imperio. Tocaba la delicada música tal como yo creía que debía de tocarse cien años antes, con delicadeza y precisión, subrayando sólo un poco los pasajes más sentimentales, y entonces sonreía. Al poco rato, se interrumpió. Sonó un ruido en el balcón. Un joven con casaca azul oscuro saltó la barandilla de hierro forjado. Sus medias blancas se destacaban en la oscuridad con una efecto de insoportable vanidad. Apenas sus elegantes piernas salvaron la barandilla, ya estaba a los pies de la hermosa pianista. Mientras él murmuraba frases apasionadas que ella escuchaba con una sonrisa de incredulidad, yo me sentí cautivado por el rostro hermoso y altivo de la joven y por la noble curva de sus altas cejas. Ella iba tocando alegres compases, mientras le escuchaba risueña, indiferente o torva y respondía a los juramentos del jenuflexo ora con el silencio, ora con una sonrisa, ora con un trino. Tocaba unos trinos impecables.

En vista de que el galán estaba cada vez más vehemente, apremiante y perentorio, acabé por irritarme. Salí de mi habitación en camisón, agarré al enamorado con las dos manos, lo llevé al balcón –era muy ligero- del que todavía pendía la escala y lo arrojé con su empolvada cabeza por delante. Abajo, sobre las losas blanqueadas por la luna, sonó un golpe bastante considerable. Di media vuelta y me incliné ante la pálida señorita, muy avergonzado por estar en camisón.

-Mademoiselle, permettez…

Pero ella palidecía y se empequeñecía hasta que, con un leve suspiro, se desvaneció sobre el taburete. Yo tendí la mano y así un narciso grande y perfumado. Asustado y triste, puse la blanca flor con las demás en el jarrón y volví a la cama.

Cuando, a la mañana siguiente, antes de marchar, volví al salón del piano, todo seguía como la víspera. Solo el retrato de un caballero que estaba colgado de la pared me pareció que tenía una expresión de rencor que no había advertido antes. Pero, naturalmente, ello no me preocupó en absoluto.

Se engancharon los caballos y el dueño de la casa me acompañó a la ciudad. Mi hospitalario anfitrión estaba callado y me miraba severa e interrogativamente.

-Será mejor que no vuelva usted a esta casa.
Yo me quedé sin habla.
-¿Y por qué no? –grité al fin.
Él me lanzó una mirada adusta.
-Vi lo que hizo usted anoche.
-¿Y bien?
-Aquel caballero era mi abuelo. Sin dudad, usted lo ignoraba, pero de todos modos…
  
Yo traté de disculparme, pero él gritó al cochero que fuera más de prisa, me atajó con un ademán y se arrellanó en el asiento, cerrándose a toda conversación.
Herman Hesse: Lamento – Trianarts
Hermann Karl Hesse fue un escritor, poeta, novelista y pintor alemán, naturalizado suizo en 1924. De su obra de cuarenta volúmenes —entre novelas, relatos, poemarios y meditaciones— se han vendido más de 30 millones de ejemplares, de los cuales solo una quinta parte corresponde a ediciones en alemán. Wikipedia
Fecha de nacimiento2 de julio de 1877, Calw, Alemania
  

Una hoja de hierba de Walt Whitman

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

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