Sendero
El camello va
dejando a su paso
una huella fugaz.
La tortuga
del desierto
huele a mar.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Sendero
El camello va
dejando a su paso
una huella fugaz.
La tortuga
del desierto
huele a mar.

Sendero
Me gusta contarte los pormenores; cosas sin importancia. me gusta frotarte la espalda. Platicarte, una vez más, el sueño de conocerte. Oler tu piel de hierba Y vigilar tu siesta de la tarde. Me gusta besar a mi hijo a través de la ventana de tu ombligo. Es sencillo, hasta simple: me gusta ser parte de ti cuando me abrazas.

Sendero
Tanto tiempo sin sentir sabor que fue un inapetente crónico; cuando le llegó la muerte, ni la muerte le supo.

sendero
El búho lava su pico. Se siente agitado por los recuerdos y no dejará que prevalezca su matemático pensamiento. El ayuno es bueno y se quedará en el sauce; no saldrá de caza, tampoco inflará su abdomen para cantar cuando pase la luna.
Se ha levantado una tormenta en su interior, que agita sus emociones y lo incita al recuerdo. Tiene un tic en la cara que parece risa; al tiempo que exhala un suspiro que se esparce en la quietud de las hojas. Agarrado al grosor de la rama, parece, por su forma, un paréntesis forrado de plumas. Siempre ocupado: armando explicaciones al devenir, por lo que encuentra en la soledad una bendición para ejercer su pensamiento lógico.
Tuvo amores pasados que fueron y vinieron. «Las féminas enturbian la claridad de mis silogismos», se decía después de saciar su apetito corporal. Sin embargo, se enamoró de una que no tenía cursos ni recursos. La conoció cuando volaba por el mangal. Atraído por su canto de flauta barroca, sin pensarlo, dejó que sus alas lo llevaran. Nunca se imaginó que aquella búha le quitase la seguridad de tecolote de mundo, parecía recién emplumado mientras ella disfrutaba de su temblor de principiante. Llegaba a la misma hora y juntos disfrutaron de ratón en su jugo a la luz de la luna. La veía aletear alrededor de él. Hubo momentos que lo hacía sonreír, pero a la larga se hizo insoportable. No estaba hecho para el mimo y el dulce y, un buen día, se alejó del mangal.
Voló hasta la ribera del río y el sauce fue su nuevo hogar. Encontró en el filo de la razón el motivo de su existencia y se convirtió en una máquina lógica y creativa. Hoy, sin saber por qué, la recuerda. Acepta que hay fulgores que el pensamiento jamás puede sustituir.
Las nubes se han apartado. La luz cobriza se enreda con el canto lejano de un grillo. El rumor del agua lo humedece y sacude sus plumas en un aleteo que no va a ninguna parte. Se ha ennegrecido la noche y solo persiste el rumor del arroyo,
Él ya no suspira, ahora risotea. La verdad es que llora; no es saludable para su orgullo que pierda imagen y compostura. Y disfrazando su emoción, canta, alarga el tono y se pierde como lo haría un bandoneón.

Sendero
Entre la floración…
el chapulín
dejó de cantar.

Sendero
aroma del café salta de casa en casa. La neblina sigue en reposo. En el pueblo de Tlen repiquetean las campanas llamando a misa. La niña de ojos negros se entretiene haciendo dibujos en el vidrio de la ventana que da a la calle. Mira como la niebla se arrastra bajo el manzano y se imagina que es una boa que avanza. Algo más le ha llamado la atención. Es el gato de Juan, su amigo de la escuela, que brinca sobre la serpiente de humo y cae sobre el charco llenándose de barro. Romi explota en una carcajada y recuerda que ayer Juan se tropezó al pasar frente a su casa.
El gato con lodo y su amigo también.

Sendero
Viendo a la vaca me da por pensar en cámara lenta.
Todos los movimientos que hace son de acción dilatada.
Monótona rumia,
y tira los ojos hacia el horizonte;
así los días corretean a la holganza
Miro la profundidad en sus ojos negros;
y tal parece que intenta resolver un eterno conflicto:
pero nada la saca de su presente. —intuyo,
que sabe que la vida es breve
y que rumear la tiernitud del zacate
es suficiente para disfrutar la existencia.

Sendero
Se han doblado
Las ramas del naranjo.
La siesta del perro.

Sendero
Quítense de la cabeza de que Chita era la mujer de Tarzán!, Chita fue hermana y algo más, nunca su cónyuge.Tampoco llegó como niño extraviado a la selva.
Tarzán era hijo de una mona que fue criada en un pueblo de hombres. Mara se llamaba la mamá. Ella fue rescatada por una macho alfa llamado Kut, que la agregó a su harem. Ella parió cuates, que no gemelos. Uno, es hijo de Kut y el otro de un hombre. Al más débil lo llamaron Tarzán que sobrevivió por la protección de su madre, ya que su hermano era mala leche con él. Chita es su hermana menor a la que cuido con cariño por ser prematura.
Cómo era imposible que el “hombre mono” ganase en una lucha cuerpo a cuerpo contra los machos de la tribu; Chita, muy despierta le servía de celestina y le conseguía las mejores monas a espaldas del tirano Kut.
De la vida que llevó en Londres no sé, solo sé que le gustaba visitar el zoológico por las noches.

Sendero
Se tallan, se miman, se regodean. Pasaron muchos años—quizá siglos— para encontrarse en las orillas del río. Por la mañana llega un niño, toma una de ellas y la tira viendo como hace giros sobre los reflejos del agua.

Sendero
Juego ajedrez
con las luces del cielo.
Tengo caballos,
alfiles, un rey negro,
y una dama que al bailar
tira sus velos.
Danza luna,
Antes de que se vayan los gitanos.

20 de marzo día de la narración oral.
Lia contaba cuentos. El tiempo pasaba sin sentir. Nuestros hijos volaban a tierras de misterio. Lía era un viento fresco y juguetón en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos del abuso y de nadie y de todos.

Sendero
En la sabana
flores pisoteadas.
Albatros en fuga.

Silvia Cuesy: premio nacional de cuento Efraín Huerta
La odisea de un joven estudiante de medicina, cuya travesía desde la Prusia natal hasta los terrenos convulsionados de México en la década de 1860, en una epopeya donde los avatares del destino se unen con las vicisitudes de la guerra. La sapiencia intrínseca de Cuesy se manifiesta en la habilidad para destilar la esencia de la historia en una fusión literaria de elevado calado. Su prosa meticulosa desentraña con habilidad los acontecimientos de la época, inyectando vida en cada página con una paleta léxica exquisita. Las contiendas contra los invasores franceses en Puebla y Querétaro, enmarcadas en el telón de fondo de la lucha republicana, se convierten en escenarios épicos donde la medicina y la muerte se entrelazan, siempre de manera trabajada y cohesionada. La obra es un diáfano y claro testimonio de la capacidad de Cuesy para orquestar el lenguaje, conjugando la profundidad filosófica con la evocación histórica de manera subyugante, siempre desde un filtro de entretenimiento accesible y efectivo, nunca pedante ni sobredimensionado. No en vano, Cuesy es graduada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. La historia, para Cuesy, no es solo un registro de eventos, sino un campo fértil donde las respuestas a las inquietudes emergen a través de la ficción histórica. Su extenso repertorio, desde novelas juveniles hasta biografías de figuras prominentes, demuestra una versatilidad literaria admirable y poco usual. Arrancarte lo que has vivido convence con creces con su trama histórica y con su sobresaliente refinamiento lingüístico. Calidad y cantidad en un libro muy recomendable.
De venta en Amazon y Buscalibre, La Casa del libro, FNAC, El Corte Inglés.
¡Reseña en Publishers Weekly #47 sobre
Arrancarte lo que has vivido! de Silvia L. Cuesy
Caligrama: 24,95 € (488 p) ISBN 978 841980823 3 https://hubs.ly/Q02hYSWk0
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Sendero
el río
con su rumor eterno.
El cuchicheo
al hundir los remos.
El pescador y la palidez,
El sueño y lo soñado
