El hombre de la lámpara por Rubén García García

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El tiempo es el hombre de la lámpara en los viejos cines.
Cuando uno entraba y la función ya había empezado, él te buscaba con su luz y te guiaba hasta encontrar un asiento.
«Disfrute la función; es la película de su vida», decía, mientras apagaba la linterna.

COMENTARIO AL PRÓLOGO ESCRITO POR HOMERO CARVALHO A LA OBRA LA «LA DANZA DE LAS FUERZAS»

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El prólogo de Homero Carvalho Oliva abre La danza de las fuerzas con una mirada clara y penetrante. No se limita a presentar el libro: lo interpreta.

Carvalho entiende que los relatos, microficciones y leyendas que lo integran son ventanas hacia las fuerzas que mueven la vida humana.

Con sencillez, señala cómo la obra se organiza alrededor de siete ejes —el cielo, las costumbres, el oficio, el poder, el amor, la muerte y la suma final—, y cómo cada uno de ellos revela un aspecto de la existencia. Destaca también que las historias, aunque breves, están cargadas de simbolismo y a veces rozan lo maravilloso o lo surreal.

Con acierto nuestra que la voz narrativa da espacio a quienes rara vez lo tienen: los que viven en el trabajo diario, en la lucha por sobrevivir. Carvalho observa que en estos textos lo extraordinario surge de lo simple, y que la muerte aparece como una presencia constante que atraviesa tiempos y recuerdos.

En pocas páginas, el prologuista prepara al lector para entrar a un libro donde lo pequeño abre paso a lo profundo. Su lectura ilumina el camino, sin explicarlo del todo, dejando que cada quien descubra su propia forma de acercarse a estas fuerzas que, como dice Carvalho, sostienen y moldean la vida.
El prólogo no es un comentario externo: es un texto que dialoga con la obra y la acompaña como un claroscuro, como una luz que revela perfiles insospechados.

PRÓLOGO ESCRITO A «LA DANZA DE LAS FUERZAS»
Homero Carvalho Oliva
En La danza de las fuerzas, Rubén García García nos entrega un conjunto de relatos que se convierten en umbrales hacia las fuerzas invisibles que gobiernan la existencia humana. Cada cuento, microficción o leyenda, contenido en este libro, es un latido de esas energías secretas que, aunque escapan a la mirada cotidiana, esculpen los contornos de nuestras vidas.
El autor nos previene desde el inicio: “Los relatos que componen son voces que rara vez se escuchan —de quienes habitan en las sombras de la costumbre, el oficio o la lucha diaria por sobrevivir—; encuentran aquí una oportunidad para hacerse oír”. Y es justamente esa misión de otorgar palabra y resonancia a lo silenciado lo que vertebra este libro.
La estructura de la obra se articula en siete núcleos temáticos que Rubén dispone como columnas que sostienen la arquitectura de la vida: el firmamento, las costumbres, las labores humanas, las dinámicas del poder, las pulsiones amorosas y el misterio de la muerte y, finalmente, la síntesis que brota de todas ellas (La suma de las fuerzas), como si se tratara de un ejercicio de contemplación de la existencia en su totalidad. En estos relatos, la intensidad narrativa se impone y permite que la voz del protagonista se escuche en primera persona, logrando pasajes donde asoman el realismo mágico, el real maravilloso o el surrealismo, siempre al servicio de una literatura de cuidada factura y gran fuerza expresiva. La muerte —eterna compañera— se asoma una y otra vez, cruzando los umbrales del presente, el pasado y el futuro, como si todo relato fuera, en última instancia, una danza con lo inevitable.
La danza de las fuerzas no es solo un libro de ficción; es, en esencia, una exploración de lo humano en sus territorios más recónditos y esenciales. El lector que se adentre en estas páginas hallará historias breves, a veces mínimas, cargadas de simbolismo y belleza, donde lo extraordinario se funde con lo cotidiano y lo pequeño revela la magnitud de las fuerzas que nos mueven. Rubén nos invita, en suma, a asistir a un baile donde lo sensible y lo intangible se abrazan, recordándonos que toda vida es, en el fondo, un relato por escuchar.

Haiku con observaciones de la escuela de haiku de Retama

Hk de Rubén García , observaciones de Gonzalo D. Marquina

El mango —fruta dulce, jugosa, asociada al verano y a la infancia en muchas culturas— funciona aquí como símbolo de plenitud y de madurez natural. El uso de la onomatopeya, detalle aparentemente pequeño, transforma la escena en algo casi mágico. El haiku no nos dice qué produce ese sonido —puede ser el caer de los mangos maduros al agua, o simplemente gotas, peces, hojas— pero el efecto es el mismo: una banda sonora sutil, rítmica, que acompaña al caminante. Hay una sensación de infancia, de lentitud, de tardes largas donde el tiempo no apremia y los detalles se vuelven milagros.

LA DANZA DE LAS FUERZAS

La danza de las fuerzas” de Rubén García García
es una obra que se mueve entre la intensidad de la palabra y la precisión del silencio.

Cada relato abre un universo, un instante de vértigo donde el autor logra que lo mínimo contenga lo infinito. Su escritura, tan humana como lúcida, se convierte en un puente entre la realidad y lo invisible.

📘 Publicado por Editora BGR, este libro es una referencia imprescindible para quienes disfrutan de la narrativa breve contemporánea y de la microficción iberoamericana.

Disponible en:
Amazon · TodosTusLibros · Quares · Librerías de España y Latinoamérica.

La catástrofe en Poza Rica y la región (4)

UNA SEMANA PREVIA A LA CATÁSTROFE DEL RÍO CAZONES (cuatro) Por Rubén García García

Para un terremoto, apenas contamos con segundos para protegernos; para los eventos meteorológicos, con días.

El Servicio Meteorológico Nacional había identificado lluvias intensas desde el 6 de octubre. En los mapas, todo el estado de Veracruz aparecía teñido de rojo: una advertencia clara que no se tomó con la responsabilidad que merecía.

Era el momento de sembrar conciencia en la población, de informar y persuadir sobre el peligro que se avecinaba. Las zonas más vulnerables —las que viven a la orilla de los cuerpos de agua— debieron ser alertadas con prioridad. El mayor de ellos, el río Cazones, había comenzado a mostrar su fuerza contenida.

Se dispuso de una semana completa, siete días que debieron aprovecharse segundo a segundo. Era tiempo suficiente para que Protección Civil, en coordinación con las dependencias municipales, estatales y federales, planeara la estrategia más eficaz en caso de desbordamiento del río o de sus arroyos.

No es necesario enumerar todas las acciones posibles; el objetivo esencial era proteger la vida, evitar epidemias y garantizar que la comunidad pudiera volver a la normalidad en el menor tiempo posible.

Toda campaña de prevención y educación para la salud tiene un costo, pero cuando logra su propósito —hacer consciente a la población— el beneficio se multiplica. Si la gente entiende el riesgo, coopera; si no lo entiende, la tragedia la sorprende.

Y eso fue lo que ocurrió.

El río saltó de su cauce en la madrugada, cuando la ciudad dormía.

Si esto fuera una guerra, podríamos decir que el enemigo nos tomó mal preparados y dormidos.

El desastre en Poza Rica y la región por Rubén García García

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ESPÉRESE TANTITO, NO TIENEN PACIENCIA

El desastre de Poza Rica y la región (tres)

El hambre no espera. La intemperie muerde.

El refrigerador, la estufa, los electrodomésticos están, si es que están; y si están, están inservibles.

El chamaco llora, otro le jala el vestido y sabe que quieren comer.

Pero no hay.

La inundación es un caballo apocalíptico: cabalga en las crestas de la corriente.

No le teme a los remolinos, a los troncos ni a las vacas ahogadas, mucho menos a los vivos que bracean sin esperanza.

Rompe bardas, se sube a las azoteas y, como una serpiente, husmea por los rincones.

Todo lo abarca mientras los dioses lo sigan alimentando.

Cuando se va, deja destrucción, muerte y una hediondez inmensa.

Y le da su sonrisa dientona al corrupto, al olvidadizo, al irresponsable: el político, el burócrata, el que dice que para qué pensar en el mañana, si el hoy es lo que se vive.

Claro que hay programas, protocolos, divinas enseñanzas que, bien ejecutadas, podrían mitigar las mordidas del daño y de la muerte.

Hay muchos culpables, pero vayamos por orden.

Vámonos al pasado.

¿Quién autorizó que se construyeran colonias en zonas aledañas a un río que, por verlo manso, se creyó que siempre sería así?

¿Cuántos proyectos de gobierno o privados, gracias a la corrupción, obtuvieron de las autoridades los permisos correspondientes?

¿Y qué tal la calidad de las obras?

A más “moche”, menos calidad en la construcción.

Cuando llegan las aguas, el río requiere de espacios para que, al extenderse, la corriente se modere.

Somos tan insensatos que le comemos la ribera y, así, las avenidas se estrechan y lo hacemos violento.

Se estrecha cuando lo cargamos de basura, cuando las aguas sucias desembocan en él.

El hombre es quien se clava el puñal.

El río tiene memoria ancestral, lejana y nunca olvida.

Los cielos de Poza Rica, la catástofe dos por Rubén García García

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aquí un vídeo…tomado de la red..https://x.com/ImagenTVMex/status/1979251418050466084

El desastre de Poza Rica y la región (dos)Tenemos la memoria flaca por Rubén García García

Toda actividad en salud pública tiene un costo, y cuesta mucho dinero.

El dicho milenario “más vale prevenir que curar” es de una riqueza que, tal vez por su sencillez, no siempre se valora como merece. Puede afirmarse que una medicina preventiva que incluya la educación seguramente evitaría muchos problemas médicos cuyo tratamiento tiene un costo elevado.

Es más fácil suministrar una vacuna que atender un caso de sarampión. Sí, las vacunas tienen un costo: distribuirlas, aplicarlas, capacitar al personal y realizar campañas casa por casa implica cifras de muchos ceros; pero evitar la muerte de un niño lo vale.

En el caso de las lluvias intensas de Poza Rica y la Cd. de Álamo que nos ocupa, el fenómeno no se puede evitar.

Tuvimos ocho días sabiendo que sucedería. En un terremoto solo contamos con segundos.

Ocho días que, si se hubiesen aprovechado bien, habrían evitado tantos difuntos.

Nuestra sociedad y nuestros gobernantes tienen la memoria flaca. Como el varón que se retuerce por la cruda o la resaca y promete que ya no volverá a tomar, pero ocho días después brinda con los cuates.

O como el enfermo o la enferma que se lastima comiendo grasas y picante, sufre un ataque de colitis, jura que no lo volverá a hacer y tiempo después reincide.