Por años mi madre me decía que yo era egoísta, descuidada, irresponsable, etc. Se molestaba constantemente. Si discutía, se tapaba los oídos. Ella hizo lo que pudo para cambiarme pero nunca cambié, o si cambié, no puedo estar segura de haberlo hecho, porque nunca llegó el momento en que mi madre me dijera “Ya no eres egoísta, descuidada, irresponsable, etc.” Ahora soy yo quien me digo “¿Por qué no puedes pensar primero en los demás? ¿Por qué no pones atención a lo que haces? ¿Por qué no recuerdas lo que tienes que hacer?” Estoy molesta. Me compadezco de mi madre. ¡Qué difícil soy! Pero no le puedo decir esto porque al mismo tiempo que quiero decirlo, también estoy aquí en el teléfono, escuchándola, lista para defenderme.
Las botas del guardabosque hunden el tapiz de hojas marchitas. Es el fin del otoño. En el aire se huele el humo acre de las fogatas, que la madrugada ha sofocado con su aliento frío de huérfana. Un rayo de sol, recto y exacto, brilla verde sobre una hoja. Más en lo profundo, otros rayos disipan la tenebrosidad de las ramas entrelazadas. De pronto, un claro del bosque se abre y se ilumina. En el centro, una niña, sentada sobre su amplio vestido, apoya una mano en la corteza de la encina. La otra mano sostiene sobre la falda al pequeño unicornio, delgado, trémulo, de delicados ojos grises. El cuerno es también gris, con una veta clara que sube como una cinta de plata de la base hasta el vértice. Cruje una rama. Los cuatro ojos alarmados miran al guardabosque antes de desaparecer.
Antologia de ficciones argentinas, recopilación de Clara Obligado.
Esta era una mujer, una mujer verde, verde de pies a cabeza. No siempre fue verde, pero algún día comenzó a serlo. No se crea que siempre fue verde por fuera, pero algún día comenzó a serlo, hasta que algún día fue verde por dentro y verde también por fuera. Tremenda calamidad para una mujer que en un tiempo lejano no fue verde.
Desde ese tiempo lejano hablaremos aquí. La mujer verde vivió en una región donde abundaba la verde flora; pero lo verde de la flora no tuvo relación con lo verde de la mujer. Tenía muchos familiares; en ninguno de ellos había una gota de verde. Su padre, y sobre todo su madre, tenían unos grandes ojos cafés. Ojos cafés que siempre vigilaron a la niña que algún día sería verde por fuera y por dentro verde. Ojos cafés cuando ella iba al baño, ojos cafés en su dormitorio, ojos cafés en la escuela, ojos cafés en el parque y los paseos, y ojos cafés, en especial, cuando la niña hurgaba debajo de sus calzoncitos blancos de organdí. Ojos, ojos, ojos cafés y ojos cafés en cualquier sitio.
Una tarde, mientras imaginaba que unos ojos cafés la perseguían, la niña se cayó del columpio y se raspó la rodilla. Se miró la herida y, entre escasas gotas de sangre se descubrió lo verde. No podía creerlo; así que, a propósito, se raspó la otra rodilla y de nueva cuenta lo verde. Se talló un cachete y verde. Se llenó de raspones y verde y verde y nada más que verde por dentro. Desde luego que, una vez en su casa, los ojos cafés, verdes de ira, la nalguearon sobre la piel que escondía lo verde.
Más que asustarse, la niña verde entristeció. Y, años después, se puso aún más triste cuando se percató del primer lunar verde sobre uno de sus muslos. El lunar comenzó a crecer hasta que fue un lunar del tamaño de la jovencita. Muchos dermatólogos lucharon contra lo verde y todos fracasaron. Lo verde venía de otro lado. Verde se quedaría y verde se quedó. Verde asistió a la preparatoria, verde a la Universidad, verde iba al cine y a los restoranes, y verde lloraba todas las noches.
Una semana antes de su graduación, se puso a reflexionar: “Los muchachos no me quieren porque temen que les pegue mi verdosidad; además, dicen que nuestros hijos podrían salir de un verde muy sucio, o verdes del todo. Me saludan de lejos y me gritan ‘Adiós, señorita Green’, y me provocan las más tristes verdes lágrimas. Pero desde este día usaré sandalias azul cielo, aunque se enojen los ojos cafés. Y no me importará que me digan señorita Green porque llevaré en los pies un color muy bonito”.
Y así, esa misma noche, la mujer verde empezó a pasear luciendo unas zapatillas azules que les recordaban el mar y las tardes de cielo limpio a quienes las miraban. Aunque dijo “un color muy bonito” un tanto cursi y verdemente, sin imaginar lo que implicaba calzarse unas sandalias azules, la suerte le cambió. Cuando la mujer verde pasaba por los callejones más aburridos, la gente pensaba en peces extraños y en sirenas atractivas; una inesperada imaginación desamodorraba las casas.
—Gracias mujer Verde— le gritaban a su paso.
Si la mujer verde salía a dar la vuelta en la madrugada, aquellos que padecían insomnio llenaban sus cabezas con aleteos alegres y cantos de aves y vuelos en cielos donde la calma reposaba en el horizonte; luego, dormían soñando que una mujer azul les acariciaba el pelo.
Pronto, la fama de la mujer verdiazul corrió por la ciudad, y todos deseaban desaburrirse, o curarse el insomnio, o tener sueños fantásticos, o viajar al fondo del cielo azul.
Una tarde, mientras la mujer verde descansaba en su casa, tocaron a la puerta. Ella se arregló su verde cabello y abrió. En el quicio de la puerta se encontraba un hombre, un hombre violeta, violeta de pies a cabeza. Se miraron a los ojos. La mujer verde vio un dragón encantador. El hombre violeta se acercó a la mujer verde y la mujer verde se acercó al hombre violeta. Entonces, un dragón violeta voló hacia la cascada y ahí se puso a jugar hasta que se dejó ir en la corriente de peces.
Luego, cerraron la puerta.
Tiempo libre
Todas las mañanas compro el periódico y todas las mañanas, al leerlo, me mancho los dedos con tinta. Nunca me ha importado ensuciármelos con tal de estar al día en las noticias. Pero esta mañana sentí un gran malestar apenas toqué el periódico. Creí que solamente se trataba de uno de mis acostumbrados mareos. Pagué el importe del diario y regresé a mi casa. Mi esposa había salido de compras. Me acomodé en mi sillón favorito, encendí un cigarro y me puse a leer la primera página. Luego de enterarme de que el jet se había desplomado, volví a sentirme mal; vi mis dedos y los encontré más tiznados que de costumbre. Con un dolor de cabeza terrible, fui al baño, me lavé las manos con toda la calma y, ya tranquilo, regresé al sillón. Cuando iba a tomar mi cigarro, descubrí que una mancha negra cubría mis dedos. De inmediato retorné al baño, me tallé con zacate, piedra pómez y, finalmente, me lavé con blanqueador; pero el intento fue inútil, porque la mancha creció y me invadió hasta los codos. Ahora, más preocupado que molesto, llamé al doctor y me recomendó que lo mejor era que tomara unas vacaciones, o que durmiera. Después, llamé a las oficinas del periódico para elevar mi más rotunda protesta; me contestó una voz de mujer, que solamente me insultó y me trató de loco. En el momento en que hablaba por teléfono, me di cuenta de que, en realidad, no se trataba de una mancha, sino de un número infinito de letras pequeñísimas, apeñuzcadas, como una inquieta multitud de hormigas negras. Cuando colgué, las letritas habían avanzado ya hasta mi cintura. Asustado, corrí hacia la puerta de entrada; pero, antes de poder abrirla, me flaquearon las piernas y caí estrepitosamente. Tirado bocarriba descubrí que,además de la gran cantidad de letras hormiga que ahora ocupaban todo mi cuerpo, había una que otra fotografía. Así estuve durante varias horas hasta que escuché que abrían la puerta. Me costó trabajo hilar la idea, pero al fin pensé que había llegado mi salvación. Entró mi esposa, me levantó del suelo, me cargó bajo el brazo, se acomodó en mi sillón favorito, me hojeó despreocupadamente y se puso a leer.
(*) Cuando por invitación de Jorge Álvarez Máynez iniciamos Guardagujas en La Jornada Aguascalientes, me comuniqué con Guillermo Samperio para solicitarle un texto para el suplemento, por correo electrónico me dijo que tomara cualquiera de sus cuentos y los reprodujera, por extensión, elegí La señorita Green y Tiempo libre, me autorizó no sin antes decirme que no entendía por qué quería publicar cuentos tan viejos; al final, no salieron porque intentábamos sólo publicar inéditos. Ante el dolorosísimo fallecimiento, retomo ese permiso para compartirlos (Edilberto Aldán).
*“El fantasma”, de Guillermo Samperio, está incluido en la antología Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009, edición a cargo de Clara Obligado, prólogo de Francisca Noguerol).
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GUILLERMO SAMPERIO
Nacido en la Ciudad de México el 22 de octubre de 1948, Samperio estaba en proceso de publicar una nueva novela, titulada Vosotros los mismos, según informó el INBA.
Un adelanto de ese libro puede leerse en Maravillas malabares, antología que reúne lo más relevante de su trabajo y que fue presentada el pasado febrero en el Palacio de Bellas Artes.
De naturaleza versátil y generosa, antes de dedicarse a las letras Samperio fue vitralista, dibujante, diseñador y supervisor técnico industrial del Instituto Mexicano del Petróleo, entre 1967 y 1977. Como dibujante participó en diversas exposiciones colectivas.
Además, incursionó en la elaboración de guiones y la producción de programas radiofónicos, entre ellos La literatura hoy, de Radio Educación, y el Noticiero Cultural del INBA.
También se desempeñó en diversos cargos en instituciones públicas y privadas, como la Secretaría de Educación Pública, la editorial El Tucán de Virginia y la Universidad de las Américas.
Autor de más de una treintena de libros, su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita, y antologada en múltiples ediciones nacionales y extranjeras.
Colaboró en diversos medios, suplementos y publicaciones periodísticas, como La Jornada, Novedades, El Gallo Ilustrado, Revista de la Universidad de México y Tierra Adentro.
Integrante del Sistema Nacional de Creadores de Artes desde 1994 y del Pen Club México desde 2005, en su palmarés figuran los premios de cuento El Museo del Chopo 1976, por Bodegón; La Palabra y El Hombre 1977, por Desnuda, y Casa de las Américas 1977, por Miedo ambiente.
El Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos, por Cuaderno imaginario, y el Instituto Cervantes 2000, otorgado por Radio Francia Internacional, por Mentirme (La mujer de la gabardina roja).
Hola, me llamo Laura y tengo 22 años. Hace unos meses tuve un accidente en el que perdí una pierna, esto me impide conocer personas y encontrar a mi verdadero amor. Me gustaría entrar en contacto con hombres jóvenes (de 18 a 28 años) a los que no les importe mi condición.
Lista de respuestas:
Tu impedimento no está en la pierna que te falta, sino en tu mente. A una persona hay que amarla por su alma, no por su físico. Quiero ser tu amigo, me gustaría guiarte para que aprendas a ver el mundo desde otra perspectiva y puedas recuperar la confianza en ti misma. Recuerda, las limitaciones te las pones tú, no tu cuerpo. Recibe un fuerte abrazo. Mario.
enviado por nifunifa
Me llamo Max y me gustaría saber más sobre ti. ¿Cómo eres?, ¿qué te gusta hacer?, ese tipo de cosas, tú sabes ;). Pienso que el hecho de que tengas solamente una pierna no te hace menos deseable o sexy que las chicas con dos; es más, encuentro muy atractivas a las cojas.
enviado por maxxx
Soy un chico de París, siempre me gustaron mujeres amputadas en pierna derecha. Me gustaría conocer y cotorrear (como dicen en México) para surgir algo. También me gusta la cultura latino. Soy serio en mi mensaje. Es posible de contactar a mi mail michellink006@yahoo.fr.
enviado por michel_06
Yo adoro a las mujeres amputadas. La falta de una pierna no te impide pasarla bien, yo sé lo que te digo XD. Te mando un beso.
enviado por eldifuso
Hola, Laura. Tengo que decir que me avergüenza leer algunas de las respuestas que has recibido, pero yo te entiendo, a mí también me amputaron una pierna y he sufrido mucho por eso. Tengo 20 años y quiero hacer amistad, no quiero amargarme porque aunque me falte una parte del cuerpo, me sobra corazón. La vida sigue.
enviado por perinola_
Mi no me importa tu situacion si quiere comunicar con migo. Soy serbio Aleksandor Mijkailovic busco damas amputadas. Tengo pregunta cuanto pierna perdio abajo de rodilla o mas ariba rodilla. Escriba me besos.
enviado por alekmijk
Laura, me da pena decirlo pero yo soy un niño, tengo 10 años y me van a amputar. A mí no me gusta. Dime, ¿duele mucho? Me gustaría que fuéramos amigos, no tengo con quién platicar.
La principal característica de los relatos históricos es que se enfocan exclusivamente en temas del pasado. La finalidad es dejar registro de acontecimientos de importancia en las comunidades, y hacerlo de una forma expositiva que sea accesible y atractiva al público en general.
Se basa en hechos del pasado
Un relato histórico desarrolla temas que ya han ocurrido. Además, estos deben ser relevantes para un público en específico.
Pueden ser de un pasado lejano o cercano, pero en definitiva todos los relatos de carácter histórico desarrollan sucesos que ya han sucedido.
Contiene elementos de estilo
Este tipo de relato se considera una expresión literaria. Esto implica que la narración en general debe contener elementos de estilo propios de la literatura.
Los relatos históricos se narran en prosa, las frases deben ser construidas con énfasis en generar un texto armonioso y entretenido para el lector.
Utiliza el orden cronológico
Una de las características más destacadas de los relatos históricos es la forma en la que se narran los hechos: en general se respeta el orden cronológico de los acontecimientos.
La idea de este tipo de relatos es expresar de una manera clara y precisa cómo se desarrollaron determinados hechos en un contexto específico, y a través del orden cronológico es posible exponer dicha idea de forma eficiente.
Vale acotar que ciertos relatos históricos hacen uso de una narrativa no lineal, a través de la cual exponen hechos que en la realidad ocurrieron de manera simultánea; en este tipo de relatos es válido utilizar este recurso.
Es necesario el conocimiento cabal de los hechos históricos a exponer
El escritor debe conocer profundamente cuáles fueron los acontecimientos enmarcados en el momento histórico que relatará, así como cuáles fueron sus causas, consecuencias y otras implicaciones.
Para esto el escritor debe realizar una investigación exhaustiva a través de la cual pueda acceder a información fidedigna, verificada y de relevancia.
Puede incluir elementos ficticios
Dentro de la narración que ha desarrollado el escritor es válido incorporar elementos —o incluso narrativas completas— que no hayan tenido lugar en la realidad.
Sin embargo, es importante aclarar que siempre deben basarse en los hechos acontecidos. Lo más importante de un relato histórico es que debe ser fiable y verídico, aunque se apoye en elementos ficticios para el desarrollo de la trama.
Puede incluir la mirada personal del escritor
Los relatos históricos muestran la mirada del o los escritores, quienes se basan en determinadas fuetes bibliográficas e históricas, así como en sus propios criterios y análisis crítico.
Por esto, los relatos de este tipo pueden ofrecer una interpretación de los autores ante un determinado hecho histórico.
Tiene principio y fin
Como ya mencionamos anteriormente, los temas que se desarrollan ya deben haber ocurrido en el tiempo. Además, es necesario que hayan experimentado un final; la idea es tomar una situación completa, de principio a fin, y exponerla a través del relato histórico.
El cuento moderno
Muchos podrían asociar la idea de cuento con el didáctico o el moralizador, con una fábula o que su contenido está dirigido a un público infantil. Otros podrían pensar que solo es una novela corta o un intento de esta. Con frecuencia se desconoce que el cuento es un género literario perse. “Mariano Baquero Goyanes –crítico español- afirma que este no es un producto híbrido ni un género menor ” (Piña-Rosales 2009).
Pueden encontrarse distintas formas de clasificar los cuentos. Básicamente existe el tradicional, transmitido oralmente y el moderno, que es el tema en el que me enfocaré. El primero lo consideraría como sustrato del segundo.
El origen del cuento, como indica Zavala (2006), “se hunde en las raíces de la memoria colectiva”. “La historia profunda del hombre es la que este ha ido escribiendo con sus cuentos”, expone Alberca (1985). Así se puede deducir que este es un género vinculado estrechamente a la naturaleza humana y que ese estatus no hace más que reivindicar su existencia.
Edgar Allan Poe (1809-1849)
El cuento moderno, considerado como tal, surge a mediados del siglo XIX a partir de la obra de Edgar Allan Poe. (Alberca, 1985; Zavala, 2006; Piña-Rosales, 2009) También es llamado comúnmente ‘relato’ (Zavala, 2006). Julio Cortázar, (1973) refirió que Poe “se dio cuenta antes que nadie del rigor que exige el cuento como género y de que sus diferencias con la novela no eran solo una cuestión de brevedad” (Alberca, 1985). Es, por lo tanto, muy importante conocer sus características.
El argumento se reduce a un suceso único, desprovisto de pormenores anecdóticos. De este rasgo fundamental derivan los demás elementos. La brevedad es consecuencia de que para contar un solo acontecimiento no se necesitan muchas palabras, por lo tanto, no es una característica propia del relato. (Alberca, 1985)
Desde una determinada perspectiva temporal, generalmente se narra el suceso (narración) en tiempo pasado. (Alberca, 1985) Las modalidades narrativas pueden ser de corte tradicional, realista o de tendencia vanguardista, experimental (Piña-Rosales, 2009). El verdadero personaje del relato es el suceso. Los personajes carecen de relieve propio, están concebidos en función del acontecimiento central. (Alberca, 1985)
Franz Kafka (1883-1924)
El cuento exige una lectura de un tirón. Para conseguirlo debe tener, de principio a fin, tensión y efecto. Con un final efectista se culmina la tensión. (Alberca, 1985) El desenlace puede ser sorpresivo o violento (Piña-Rosales, 2009). Sin embargo, a diferencia de los relatos de Poe, el argumento y la narración en los cuentos de raíz kafkiana no se estructuran en función del efecto final. En estos el hecho narrado permanece en una especie de presente absoluto, sin un final explícito (Alberca, 1985).
Julio Cortázar (1914-1984)
Los lineamientos anteriores no limitan la creación literaria del cuento moderno, solo asienta una base. Cortázar lo consideró “un género no encasillable” (Alberca, 1985, pág.214), y Zavala (2006) indica que “existan textos genéticamente puros es una hipótesis”. “Al fin y al cabo, un género no se mantiene idéntico a sí mismo (…) se adapta al gusto de la época, se robustece o adelgaza, según los tiempos” (Piña-Rosales, 2009). Una evidencia es la variedad de “subgéneros como el policíaco, el humorístico, el satírico, el fantástico, el alegórico o el de horror, etc.” (Zavala, 2006).
Disfruta de la lectura de los textos de algunos cuentistas famosos en los vínculos al final de esta entrada. Sin duda descubrirás en ellos varias de las características que se han detallado en este texto.
Hay un problema en mi matrimonio: simplemente no me gusta Georg Friedrich Händel tanto como a mi marido. Es una verdadera barrera entre nosotros. Envidio a una pareja que conocemos, por ejemplo, ambos aman a Händel tanto que a veces viajan en avión hasta Texas solo para escuchar una de sus operas interpretada por un tenor en particular. Incluso han convertido a otra de nuestras amigas en común en una admiradora de Händel. Estoy sorprendida porque la última vez que ella y yo hablamos de música, me dijo que a quien realmente admiraba era a Hank Williams. Los tres juntos tomaron un tren a Washington D.C. este año para escuchar a Giulio Cesare in Egitto. Yo prefiero a los compositores del siglo diecinueve y particularmente a Dvořák. Pero soy bastante abierta a todo tipo de música y normalmente si estoy en contacto con algo lo suficiente, termina por gustarme. Pero aunque mi marido ponga música de Händel todas las noches si no hago algo para evitarlo, no he podido hacer que Händel me guste. Afortunadamente, acabo de descubrir que hay un terapeuta no tan lejos de aquí, en Lenox, Massachusetts, que se especializa en Terapia de Händel, y voy a darle una oportunidad. (Mi marido no cree en la terapia y yo sé que él no iría a una Terapia de Dvořák conmigo aun cuando existiese una).
I A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Le doy pasión envuelta en palabras. Muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con las apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado.Somos felices.
II Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él solo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.
Necesitaban dinero para irse lejos. Ella estaba muy enamorada, pero sabía que su familia nunca iba a aceptar a un simple leñador, para colmo feo, de ojos saltones y dientes grandes. Esa tarde fueron juntos a la casa de la abuela para robarle sus joyas. Comola anciana los sorprendió, no les quedó más remedio que matarla. Después inventaron una historia, y le echaron la culpa al lobo.
Le dolía la cabeza al caminar. Por error, le hicieron una radiografía de la cadera. —Hay que operársela —diagnosticaron. Le sacaron la cabeza del fémur. Ahora camina sin dolores y sin memoria.