Horacio

Un día como hoy en el año 8 a.c. murió Quinto Horacio Flaco, simplemente *Horacio*, según los entendidos el más grande poeta lírico y satírico latino. Autor de la frase *Carpe Diem* (aprovecha el día).
La frase se hace famosa en la película “La Sociedad de los poetas muertos”, a raíz de un poema de Walt Whitman. Aquí el poema de Whitman.
*CARPE DIEM*
Aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber
crecido un poco, sin haber sido feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el
derecho de expresarte, que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…
No dejes de creer que las palabras y la poesía, sí pueden cambiar al mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Y tú puedes aportar una estrofa…
No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye…
«Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo», dice el poeta;
valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las
pequeñas cosas.
No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.
No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.
Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin ti miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte.
Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros «Poetas Muertos», te ayudarán a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros, los «Poetas Vivos».
*No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas…*

horacio

Tomado del Fb de la pagina de Nora e. García

Breve manual para recoocer brujas modernas -José Manuel Ortiz Soto-

III (La paradoja del reloj)

Cada noche mi hija me pide llegar a casa media hora más tarde. Para que me dé tiempo de dormir a tu nieta, dice. La comprendo: sé lo incómodo que puede ser para los padres un hijo consentido por los abuelos (yo fui uno de ellos). Al día siguiente, salgo del trabajo dejo pasar dos trenes, camino otras dos vueltas a la manzana y, en lugar de tomar el elevador, subo por las escaleras los tantos pisos. Abro la puerta procurando no hacer ruido, pero apenas pongo un pie en el departamento, la pequeña Ixchel salta de la cama y corre a mi encuentro gritando: ¡Abu! ¡Abu! ¡Abu! Detrás de ella viene mi hija con cara de pocos amigos y me pide llegar a casa media hora más tarde.

bruja-moderna

Mi canto de Jaim N Bialik Israel

«Mi canto»
«¿Sabes tú de quién aprendí yo a cantar?…»
«…Aquel cantor fue el grillo, poeta de la miseria.
Se asemejaba el sábado a una jornada común;
la mesa sin «jalá» y el vino santificados,
y, en vez de los candelabros, empeñados,
la luz de magras velas pegadas en la arcilla
danzaba en las paredes. Siete niños hambrientos
rodeaban, somnolientos,
la mesa, y nuestra madre oía con angustia
los cánticos sagrados de añeja melodía.
Y, con el alma mustia,
y humillado, y vencido nuestro padre servía
pedazos de pan negro y de arenque salado
con un viejo cuchillo, de filo ya embotado.
Nosotros masticábamos el pan reseco y soso,
pan de la humillación, con lágrimas mojado
y tragado de prisa, con gesto vergonzoso.
Después, acompañábamos al padre en la canción
con muerto corazón y con vientre sonoro.
Mientras que nuestro grillo se unía a nuestro coro,
modulando su estrofa en su oscuro rincón».

jaim-najman-bialik-1873-1934-el-10-de-lirot-1968-billete-de-israel-poeta-judío

Traducción: Rebeca Mactas de Polak

https://www.delacole.com/cgi-perl/notas/vernota.cgi?nota=bialik

Apalabrados de Juan Antonio Vázquez

Como de costumbre el doctor colmó sus expectativas con esa profusa atención que testimoniaba su fruncido entrecejo, su camisa escrupulosamente abotonada, el impecable nudo de la corbata y ese nervioso garabatear con el que había tomado notas mientras él hablaba.
–Los sueños son como los bailes de máscaras –empezó diciendo –.Nadie es quien aparenta ser.
Lucas compuso una media sonrisa de incomprensión.
–Le pondré un ejemplo –continuó –. El abad asesinado que aparecía en su sueño nos señala su rechazo inconsciente a la boda en ciernes con… ¿María se llama su futura esposa?
Asintió con la cabeza.
–El pulpo representa los obstáculos que ha encontrado durante los preparativos. El tiburón volador en realidad es alguien por quien se siente amenazado; probablemente el exnovio de María.
–¿Y el buitre? –preguntó.
El psicólogo se llevó la punta del lápiz a la barbilla y se quedó pensativo durante unos segundos.
–No lo sé –contestó al fin –.Esa máscara era realmente buena.
Luego volvió al crucigrama que disimulaba dentro de su libreta. Incauto, que se deja estafar fácilmente. Ocho letras : «pardillo».
–Si pasa al mostrador María le cobrará, señor Lucas.
Como siempre, al despedirlo, desplegó sus brazos para darle un afectuoso achuchón.

Entrevista

El encanto anónimo Chino

Ch´ienniang era la hija del señor Chang Yi, funcionario de Hunan. Tenía un primo llamado Wang Chu, que era un joven inteligente y apuesto. Habían crecido juntos y, como el señor Chang Yi quería mucho al muchacho, dijo que lo aceptaría de yerno. Ambos escucharon la promesa, y como estaban siempre juntos, el amor aumentó día a día. Ya no eran niños y llegaron a tener relaciones íntimas. Desgraciadamente, el padre no lo advirtió. Un día un joven funcionario le pidió la mano de su hija y el señor Chang Yi , olvidando su antigua promesa, consintió.
Ch´ienniang, debiendo elegir entre el amor y el respeto que le debía a su padre, estuvo a punto de morir de pena, y el joven estaba tan despechado que decidió abandonar el país para no ver a su novia casada con otro. Inventó un pretexto y le comunicó a su tío que debía marchar a la capital. Como el tío no logró disuadirlo, le dio dinero, regalos, y le ofreció una fiesta de despedida. Wang Chu, desesperado, pasó cavilando todo el tiempo de la fiesta, diciéndose que era mejor partir y no empeñarse en un amor imposible.
Wang Chu se embarcó una tarde y había navegado unas millas cuando cayó la noche. Le dijo al marinero que amarrara la embarcación y que descansaran, pero por más que se esforzó no pudo conciliar el sueño. Hacia la medianoche, oyó pasos que se acercaban. Se incorporó y preguntó:
-¿Quién anda ahí, a estas horas de la noche?
-Soy yo, soy Ch´ienniang.
Sorprendido y feliz, Wang Chu la hizo entrar a la embarcación. Ella le dijo que el padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación. También ella había temido que Wang Chu, en su desesperación, se viera arrastrado al suicidio. Por eso había desafiado la cólera de los padres y la reprobación de la gente y había venido para seguirlo a donde fuera. Ambos, muy dichosos, prosiguieron el viaje a Szechuen.
Pasaron cinco años de felicidad y ella le dio dos hijos. Pero no llegaban noticias de la familia y Ch´ienniang pensaba cada vez más en su padre. Ésta era la única nube en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no, y una noche le confió a Wang Chu su pena.
-Eres una buena hija -dijo él- ya han pasado cinco años y se les debe de haber pasado el enojo. Volvamos a casa.
Ch´ienniang se regocijó y se aprestaron a regresar con los niños.
Cuando la embarcación llegó a la ciudad natal, Wang Chu le dijo a Ch´ienniang.
-No sabemos cómo encontraremos a tus padres. Déjame ir antes a averiguarlo.
Al divisar la casa, sintió que el corazón le latía. Wang Chu vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Chang Yi lo miró asombrado y le dijo:
-¿De qué hablas? Hace cinco años Ch´ienniang está en cama y sin conciencia. No se ha levantado una sola vez.
-No comprendo -dijo Wang Chu- ella está perfectamente sana y nos espera a bordo.
Chang Yi no sabía qué pensar y mandó dos doncellas a ver a Ch´ienniang.
La encontraron sentada en la embarcación bien ataviada y contenta. Maravillada, las doncellas volvieron y aumentó el asombro de Chang Yi.
Entretanto, la enferma había oído las noticias y parecía haberse curado: sus ojos brillaban con una nueva luz. Abandonó el lecho y se vistió ante el espejo. Sonriendo y sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación.
La que estaba a bordo iba hacia la casa: se encontraron en la orilla. Se abrazaron y los dos cuerpos se confundieron y sólo quedó una Ch´ienniang, joven y bella como siempre. Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes que guardaran silencio, para evitar comentarios.
Por más de cuarenta años, Wang Chu y Ch´ienniang vivieron juntos y fueron felices.

mujer china

https://ciudadseva.com/texto/el-encanto-2/

Vives en dos mundos

 

piernas

foto del google

No estés triste, vives en dos mundos. Soy el de la noche que se
desliza por tus pestañas y después rodea tus muslos.

 

SEMANA DE VERDADES. Día 1: El dios de Shermer

Avatar de AlonaDeLarkNeurociencias divertidas

El 24 de mayo el blog de Neurociencias Divertidas cumple 6 meses. Claro que cuando recièn empecé, no tuve visitas, no tuve seguidores y no seguía yo a nadie porque no sabía cómo hacerlo. Verdad que llegué sin preparación alguna. Solo con las ideas en la mente para compartir. Mas o menos despues de un mes de la invisibilidad, por fin, entendí como funciona y salí a la luz. Como ya quizá se han dado cuenta, me gustan las fechas redondas , números especiales, aun sabiendo que los especiales los hago yo. En fin, esta semana, conmemorando los 6 meses de viaje en este barco, quiero pasar publicando pequeños textos sobre los hechos puntuales que me parecen curiosos, interesantes o fascinantes.

Michael Shermer es uno de los popularizados de la ciencia más sensato y crítico que conozco. Tiene la revista  Skeptik donde pueden encontrar una enorme cantidad de material…

Ver la entrada original 297 palabras más

El nacimiento de un dios

Mucho honraban los Mexicas a Huitzilopochtli; sabían origen, su principio fue de esa manera:
En Coatepec, por el rumbo de Tula,
había estado viviendo,
allí habitaban una mujer
de nombre Coatlicue.
era madre de los 400 Surianos
y de una hermana de éstos
de nombre Coyolxauhqui.
Y esta Coatlicue allí hacía penitencia,
barría, tenía a su cargo el barrer,
así hacía penitencia,
en Coatepec, la Montaña de la Serpiente,
y una vez,
cuando barría Coatlicue,
sobre ella bajó un plumaje,
como una bola de plumas finas.
En seguida lo recogió Coatlicue,
lo colocó en su seno.
Cuando terminó de barrer,
buscó la pluma, que había colocado en su seno.
pero nada vio allí.
En ese momento Coatlicue quedó encinta.
A ver los 400 Surianos que su madre estaba encinta,
mucho se enojaron, dijeron:
–   «¿Quién le ha hecho esto?
¿Quién la dejó encinta?
Nos afrenta, nos deshonra».
Y su hermana Coyolxauhqui les dijo:
-«Hermanos, ella nos ha deshonrado
hemos de matar a nuestra madre,
la perversa que se encuentra ya encinta.
¿Quien le hizo lo que lleva en el seno?
Cuando supo esto Coatlicue,
mucho se espantó,
mucho se entristeció.
Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno,
le confrontaba, le decía:
-«No temas,
yo sé lo que tengo que hacer”.
Habiendo oído Coatlicue
las palabras de su hijo,
mucho se consoló,
se calmó su corazón,
se sintió tranquila.
Y entre tanto, los 400 Surianos
se juntaron para tomar acuerdo,
y determinaron a una
dar muerte a su madre,
porque ella los había infamado.
Estaban muy enojados,
estaban muy irritados,
como si su corazón se les fuera a salir.
Coyolxauhqui mucho los incitaba,
avivaba la ira de sus hermanos,
para que mataran a su madre.
Y  los 400 Surianos
se aprestaron,
se ataviaron para la guerra.
Y  estos 400 Surianos
eran como capitanes,
torcían y enredaban sus cabellos,
como guerreros arreglaban su cabellera.
Pero uno llamado Cuahuitlíac
era falso en sus palabras.
Lo que decían los 400 Surianos,
en seguida iba a decírselo,
iba a comunicárselo a Huitzilopochtli.
Y  Huitzilopochtli le respondía:
-«Ten cuidado, está vigilante,
tío mío, bien sé lo que tengo que hacer».
Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo,
estuvieron resueltos los 400 Surianos
a matar, a acabar con su madre,
luego se pusieron en movimiento,
los guiaba Coyolxauhqui.
Iban bien robustecidos, ataviados,
guarnecidos para la guerra,
se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel
su anecúyotl, sus brazaletes,                              ‘
sus colgajos de papel pintado,
se ataron campanillas en sus pantorrillas
las campanas llamadas oyohualli.
Sus flechas tenían puntas barbadas.
Luego se pusieron en movimiento,
iban en orden, en fila;
en ordenado escuadrón,
los guiaba Coyolxauhqui.
Pero Cuahuitlícac subió en seguida a la montaña,
para hablar desde allí a Huitzilopochtli,
le dijo:
-«Ya vienen.»
Huitzilopochtli le respondió:
–    «Mira bien por dónde vienen.»
Dijo entonces Cuahuitlícac:
-«Vienen ya por Tzompantitlan.»
Y  una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-«¿Por dónde vienen ya?»
Cuahuitlícac le respondió:
-«Vienen ya por Coaxalpan.»
Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahutlícac:
-«Mira bien por dónde vienen.»
En seguida le contestó Cuahuitlícac:
-«Vienen ya por la cuesta de la montaña.»
Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli:
-«Mira bien por dónde vienen.»
Entonces le dijo Cuahuitlícac:
-«Ya están en la cumbre, ya llegan,
los viene guiando Coyolxahuqui.»
En ese momento nació Huitzilopochtli,
se vistió sus atavíos,
su escudo de plumas de águila,
sus dardos, su lanzadardos azul,
el llamado lanzadardos de turquesa.
Se pintó su rostro
con franjas diagonales,
con el color llamado «pintura de niño».
Sobre su cabeza colocó plumas finas,
se puso sus orejeras.
Y uno de sus pies, el izquierdo, era enjuto,
llevaba una sandalia cubierta de plumas,
y sus dos piernas y sus dos brazos
‘os llevaba pintados de azul.
Y el llamado Tochancalqui
puso fuego a la serpiente hecha de teas llamadas Xiuhcóatl,
que obedecía a Huitzilopochtli.
Luego con ella hirió a Coyolxauqui,
le cortó la cabeza,
la cual vino a quedar abandonada,
en la ladera de Coatépetl,
montaña de la serpiente.
El cuerpo de Coyolxauhqui
fue rodando hacia abajo,
cayó hecho pedazos,
por diversas partes cayeron sus manos,
sus piernas, su cuerpo.
Entonces Huitzilopochtli se irguió,
persiguió a los 400 Surianos,
los fue acosando, los hizo dispersarse
desde la cumbre de Coatépetl, la montaña de la culebra.
Y cuando los había seguido
hasta el pie de la montaña,
los persiguió, los acosó cual conejos,
en torno de la montaña.
Cuatro veces los hizo dar vueltas.
En vano trataban de hacer algo en contra de él,
en vano se revolvían contra él
al son de los cascabeles
y hacían golpear sus escudos.
Nada pudieron hacer,
nada pudieron lograr,
con nada pudieron defenderse.
Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó,
los destrozó, los aniquiló, los anonadó.
Y entonces los dejó,
continuaba persiguiéndolos.
Pero ellos mucho le rogaban, le decían:
-«¡Basta ya!»
Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto,
con fuerza se ensañaba contra ellos.
Los perseguía.
Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia,
Pudieron liberarse de sus manos.
Se dirigieron hacia el sur
se llaman 400 Surianos,
los pocos que escaparon
de las manos de Huitzilopochtli.
Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte,
cuando hubo dado salida a su ira,
les quito sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl,
se los puso, se los apropió,
los incorporó a su destino,
hizo de ellos sus propias insignias.
Y este Huitzilopochtli, según se decía,
era un portento,
porque con sólo una pluma fina,
que cayó en el vientre de su madre Coatlicue,
fue concebido.
Nadie apareció jamás como su padre.
A él lo veneraban los mexicas,
le hacían sacrificios,
lo honraban y servían.
Y  Huitziiopochtli recompensaba
a quien así obraba.
Y su culto fue tomado de allí,
de Coatépec, la montaña de la serpiente,
como se practicaba desde los tiempos antiguos.

 

huitzilopchtli

*Tomado de Justino Fernández, «Una aproximación a Coyolxauhqui», Estudios de Cultura Náhuatl (México: UNAM, 1963), Vol. IV, pp 37-53

(Códice Florentino, Lib. III. Cap. I

Traducción directa del náhuatl hecha por

el Dr. Miguel León-Portilla)

Ven… de JOUMANA HADDAD

Ven
Recógela a flote en tus ojos.

Su jardín, fortaleza que exhala la intriga y dulce muerte que huele la presa. El diablo se siente allí en su casa.

Las miradas no pueden capturarla, ni los cálices: mujer de brumas, de incertidumbres y de fantasías. Mujer de caídas también.
Sobre su piel una infinitud de continentes desconocidos se mueven. Cada guijarro es un falso juramento, liso como las esperas vistas de lejos, y cada mano, cada mañana, son viajes. ¡Pero cuántas trayectorias horizontales y cuán pocas escaladas!

Ven
Clava tus cimas en sus abismos.

Tan púdica que se refugia en las palabras obscenas, insolente hasta el punto de enrojecer gritando su fuego. Guerrera amadora, amazona de carrera, lanza como flechas sus palabras y sus flechas le retornan cargadas de presas.

Habla todas las lenguas de la noche pero escribe sobre todo con las uñas. Escribe en el cuerpo mismo. Malditos son los dedos que no pueden descifrar los timbres puntiagudos de su éxtasis. Del escote de sus gemidos se elevan músicas, cantos, rumores y murmullos. Violín en erupción, busca el carpintero de notas que sabrá hacer vibrar las cuerdas.

JOUMANA HADDAD