La vida pasa;
tren que no se detiene…
Hay una parada.

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La vida pasa;
tren que no se detiene…
Hay una parada.

Gon
Para apreciar mejor el Shōfū Haiku (蕉風), es decir, el estilo poético desarrollado por Matsuo Bashō en sus composiciones, debemos de entender que su génesis se encuentra en una aspiración superior a la meramente literaria. Bashō concibió al Haiku como un camino de ascesis espiritual o lo que algunos autores contemporáneos llaman Dō (道): una senda, una vía, una manera, un medio, un verdadero camino de vida.
Esa palabra lo define todo: Dō, término esencial que podemos rastrear en distintas artes japonesas como, por ejemplo, la exigente y hermosa disciplina de la caligrafía: Shodō (書道) o el «camino de la escritura». El calígrafo frota la barra de tinta contra una bandejita de piedra que contiene agua (elemento cargado de espiritualidad en múltiples culturas) de manera él mismo «fabrica» su propia tinta, la cual se transforma en múltiples formas esparcidas gracias al contacto entre el pincel y la fina superficie de un papel inmaculado. Quiere decir que para los japoneses como Bashō, independientemente de su tiempo, un arte como la caligrafía no se basa únicamente en escribir con pulcritud cada uno de los caracteres, sino que existe algo que va mucho más allá de lo meramente tangible y que, como hemos visto, resulta casi un ritual. Pero hay un aspecto fundamental que no puede pasarse por alto: durante el desarrollo de su actividad, el calígrafo no pretende escribir bellamente, no basa su concentración en la finalidad del trabajo sino que busca encontrarse, reflejarse, expresarse a sí mismo mediante cada trazo. Y esto mismo ocurre con el Kyūdō o «camino de la arquería», el Chadō o «camino de la ceremonia del té» o el Karatedō, el «camino del Karate o de la mano vacía». En todas estas estas disciplinas hallaremos una enorme carga espiritual contenida que empuja al desarrollo de una técnica o un estilo y que basa toda su armonía en el proceso y muy por encima del acabado o el fin, es decir, en el recorrido y no en la meta, en el camino: en el Dō. Así pues, ni el arquero, ni el hacedor de té, ni el karateca buscan realmente acertar en el blanco, preparar una taza de té con un sabor determinado o asestar un golpe preciso, sino que trascienden su propio ámbito y empalman con un punto íntimo en donde se encuentran con su propia naturaleza como seres humanos. Y esto mismo ocurre en el Haiku.
Por eso, para apreciar la profundidad del estilo cultivado por Bashō es imprescindible la noción de Haikudō (俳句): el «camino del haiku». Solo así, podremos paladear mejor haikus tan enigmáticos pero hermosos como:
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初雪や水仙の葉のたわむまで
Liviana nieve
primera: apenas dobla
las hojas del narciso.
(Trad. Fernando Rodríguez-Izquierdo)
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枯枝にからすのとまりたるや秋の暮
Se posan los cuervos
sobre una rama seca.
Tarde de otoño.
(Trad. Gonzalo Marquina)
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古池 蛙飛びこむ水の音
Un viejo estanque:
salta una rana,
ruido del agua.
(Trad. O. Paz & E. Hayashiya)
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Con su estilo Bashō nos exhorta no solo al deleite estético producido por el poema, sino desarrollar una actitud de especial concentración en donde las energías del espíritu y del cuerpo se sumergen en el mundo y sus cosas continuamente. Es una invitación, pues, a recorrer con calma el camino del haiku.
Sendero
Si te interesa e Senryu y el hay-ku
El arte de escribir senryū
Manuel Sauceverde
Lo finito no está sino relativamente separado de lo infinito:
en su esencia, está unido y es idéntico a él.
Leo Schaya
En la actualidad, todos tenemos prisa: por hacer (¿qué?), por ser (¿quién?), por estar (¿dónde?), por irnos o llegar (¿cuándo?). Como escribió Octavio Paz: no nos detenemos nunca, aunque no nos movamos de nuestra silla, ni nos levantemos de la cama. Una voz que parece cientos, dentro y fuera de nosotros, nos grita una y otra vez: ¡más rápido!, ¡más rápido!, ¡más rápido! Al acelerarnos perdemos el sentido del tiempo, incluso del espacio; más aún, de la vida. En esta carrera contrarreloj, tarde o temprano, sentimos que giramos sin control mientras todo a nuestro alrededor se desplaza con lentitud. Es entonces que buscamos un sitio y/o un momento en que podamos estar libres de prisa: Antonio Deltoro afirma que la poesía es una vía de escape y, al mismo tiempo, una manera de frenarnos. Sin embargo, al hacerlo percibimos que, de repente, todo a nuestro alrededor comienza a dar vueltas mientras que nosotros nos movemos con pesadez. De manera natural, para contrarrestar el vértigo respiramos lenta y profundamente hasta desahogar el cuerpo, la mente y, con un poco de suerte, el alma. Equilibrio es el nombre que el Budismo Zen otorgó al estado de relajación simultánea y armónica entre las dimensiones física, intelectual y espiritual. Para lograr el equilibrio de forma consciente se necesitan dos elementos: meditación (Zen) y libertad del ser, los cuales pueden encontrarse en el acto de escribir y/o leer poesía. Debido a que la literatura japonesa está íntimamente relacionada con el Budismo Zen, se presentan a continuación algunas de las estructuras poéticas con las cuales el poeta/lector puede recobrar o ejercitar su propia armonía en el mundo moderno; en particular, a través del senryū.
Las estructuras poéticas japonesas
Las estructuras poéticas japonesas más populares hasta nuestros días, tanto en Japón como en el resto del mundo, son cuatro: haiku, senryū, tanka y renga. Cada una de estas estructuras representa por sí misma un género literario y un objeto de estudio riguroso. En primer lugar, el haiku (俳句) es una composición poética sin título, ni ritmo ni rima, formada por tres ku[1] (versos) de cinco, siete y cinco on[2](sílabas), respectivamente.La poética tradicional del haiku (haimi) se basa en cristalizar el regocijo breve pero intenso (aware) que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza. Debido a que sólo se disponen diecisiete sonidos, la economía del lenguaje es muy importante; por esta razón, existen dos recursos líricos imprescindibles: kigo y kireji. El primero es una palabra clave que ubica espacial y temporalmente al poema[3]; el segundo, una palabra que divide el flujo de ideas o induce una pausa rítmica y gramatical para relacionar dos (máximo tres) imágenes contrastantes. En español, el guion largo o los puntos suspensivos pueden funcionar como kireji. Además, al ser percepciónpura, el haiku debe escribirse en tiempo presente, pero sin llegar ser una proposición lógica que surja de una reflexión profunda: ocurre aquí y ahora. Si un poema no contiene estos elementos, no se le puede considerar un haiku. Por esta razón, la mayoría de los “haiku” no japoneses, desde Erza Pound o José Juan Tablada hasta Octavio Paz yOmer Tarin, son en realidad senryū.
En segundo lugar, el senryū(川柳)[4] es una composición poética atribuida a Hachiemon “Senryū” Karai (1718-1790) con una estructura y métrica semejante a la del haiku, pero su objetivo es condensar el aware que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza humana. A través del senryū se pueden explorar todos los temas que se deseen: cínicos, eróticos, humorísticos, obscenos, sarcásticos, etc. Por tanto, todos los recursos poéticos se permiten; incluso, experimentar con otras métricas afines a la tradicional (5/7/5). En tercer lugar, el tanka (短歌)[5] es una composición poética sin título, ni ritmo ni rima que extiende la estructura y métrica del haiku/senryū al añadir dos versos de siete sílabas cada uno. Sin embargo, la exposición del tema elegido es diferente: a través de los tres primeros versos o estrofa superior (kami-no-ku), ésta se inicia y desarrolla; los dos últimos versos o estrofa inferior (shimono-no-ku), concluyen. En términos históricos, el tanka antecede y origina al haiku; su trasfondo es plenamente musical. Cabe destacar que los máximos exponentes de este género literario han sido mujeres. Finalmente, el renga (連歌)[6] es un diálogo lírico entre dos o más poetas; es decir, una canción a dos o más voces. Al igual que el tanka, esta composición poética sin título, ni ritmo ni rima, también extiende la estructura y métrica del haiku/senryū de la siguiente manera: un poeta presenta un tema específico a través de los tres primero versos o estrofa inicial (hokku); luego, un segundo poeta escribe dos versos de siete sílabas cada uno; después, el primer poeta responde con tres versos de siete, cinco y siete sílabas, respectivamente; en seguida, el segundo poeta con dos versos de siete sílabas cada uno; y así sucesivamente. Para evitar el sinsentido, las estrofas pares deben formar un poema tanto con la estrofa predecesora como de la sucesora. Con base en las habilidades de los “jugadores” involucrados, en promedio, un renga puede tener 100 estrofas encadenadas.
Un camino: tres senderos
Como se mencionó anteriormente, la literatura japonesa está íntimamente relacionada con el Budismo Zen, que busca la liberación del sufrimiento humano para alcanzar la iluminación. Uno de los caminos para lograr este estado de conciencia es la poesía porque su realización (el acto de escribir y/o leer) necesita de dos elementos: la meditación (Zen) y la libertad del ser. Además, este camino tiene tres diferentes senderos que pueden llegar a cruzarse: el espiritual, el intelectual y el mundano.
Por un lado, Matsuo Bashō (1664-1694), considerado como el primer haijin[7], sugiere que el poeta/lector alcanzará la iluminación espiritual cuando aprenda del pino a través del pino y del bambú a través del bambú. Con base en una extrospección reflexiva disciplinada, el poema se conformará por sí mismo si el haijin y la naturaleza se convierten en una sola cosa. Como señala Octavio Paz: “Poema y poeta se funden porque ambos términos son inseparables: el poeta es su palabra”.
Por otro lado, por medio de la poesía también es posible alcanzar una iluminación intelectual. Por ejemplo, Yosa Buson (1715-1783) definió a la creación poética como un arte cuyo fin es la belleza a partir de una introspección reflexiva disciplinada. La creación poética es la comprensión de la naturaleza humana para superar sus límites; como sugiere Bodhidharma: “La mente es nuestra propia naturaleza”.
Finalmente, el regocijo por lo mundano puede considerarse una forma de iluminación. En ese sentido, Kobayashi Issa (1763-1828) afirmó que la poesía era la manifestación de su amor por las personas, los animales, las cosas y los espacios; es decir, por todos los elementos que coexisten en la vida cotidiana. Cada poeta/lector es el buda de su propio microcosmos; un buda que no sólo ríe, sino que lo hace a carcajadas.


«O poeta de haiku não busca obter um poema que se pareça com uma fórmula algébrica, um enigma ou uma síntese fulgurante de ideias. Pelo contrário, sua arte consiste em colocar na frente dos olhos ou entre as mãos do leitor, vivo e palpitante, um momento único, concreto, de plenitude sensória e emotiva.»
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«El poeta de haiku no busca obtener un poema que parezca una fórmula algebraica, un enigma o una brillante síntesis de ideas. Al contrario, su arte consiste en colocar frente a los ojos o entre las manos del lector, vivo y palpitante, un momento único, concreto, con plenitud sensorial y emocional «.
–Paulo Franchetti 🇧🇷
–Trad. Gonzalo Marquina
Sendero
Es media noche
Aquí siempre es más de noche.
Cavan los topos.
Sendero
Eres tortura,
abismo de mi pulso;
pasión y celos,
al mirar tus caderas
Rosadas por el viento.

Sendero
El nuevo día
promete un sol tibio.
Hay olor de pan.

Gota tras gota
La gota caé sobre,
la flor rosada.

Sendero
Dormí, soñé,
logré atravesar
la confusión.

Sendero
Tu olor de piña
satisface mi lengua.
Dulce mujer.

Haiku
Día soleado.
La niña de las flores
ofrece aromas.
Sendero
Se despidió el sol.
y dejó en el cielo
su sombrero de nubes.

Sendero
¿ Dónde va el tren
que cruza la montaña?
Ya abre la noche.

Senryu
Pertúrbame;
roza con tu mirada
lo que mi esposo desprecia.
