Lotería

Sendero

Llegó al amanecer al departamento de Emilio —millonario y deportista—.
Le guiñó el ojo mientras le hacía la señal de “ven” con los dedos de hueso palillado.
Él, atónito, mudo, apuntó su mano hermosa hacia el pecho de pavo enriquecido, como diciendo:
—¿Y yo por qué?
—Cuando me molesta el tedio —dijo ella—, tomo una carta, de las millones que tengo en mi mesa infinita.
Y mira tú, cosas de la muerte…
Te sacaste el premio.

De la danza de las fuerzas dos por Rubén García García

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