Los prejuicios por Rubén García García

Sendero

Llegaron los recuerdos como un tren que arriba a la estación con las puertas abiertas. Encontré sábanas, soledad, gente que ascendía a la montaña, y otros que iban hacia la ciudad en busca de trabajo. Me vi corriendo en la pradera, como una yegua que retoza sobre la hierba húmeda, imaginando tener bajo mi vientre el peso de una piel distinta a la mía. Con el tejido en las manos, me pregunto, ¿por qué no lo hice? Sigo siendo la mujer que todas las tardes se encamina hacia la iglesia al repique de las campanas, mientras en el atrio los niños juegan con las palomas.

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