llegó el otoño, ¡Oh!

Sendero

El viento gélido hacía volar las hojas del árbol, mientras un sol anaranjado se filtraba entre las ramas con su luz tenue. Respiré el perfume húmedo de la arboleda, y las palabras brotaron sin pensarlo:

—¡Oh, el otoño! Apenas terminé de exclamar, su imagen irrumpió en mi mente como un relámpago. No pude contenerme:

—¡Oh, Toño!

Recuerdos avasalladores me arrastraron al parque central. Negué con la cabeza —no por rechazo, sino por la intensidad de lo que sentía— y murmuré:

—No, Toño…Un jadeo escapó de mis labios. La tarde se tiñó de sombras, y mis deseos devoraron mis temores. Con voz quebrada, exclamé:

—Te dije que no…Pero no pude resistirme. Suspiré cuando sus labios caminaron por el perfil de mi cuello. Escuchaba los latidos de mi cuerpo, acelerados y furiosos, como tambores en la noche. Finalmente, murmuré:

— sigue…Toño… Los ruidos del bosque se desvanecieron. Ni el miedo a la oscuridad importaba ya. Solo existía el placer de sentir el otoño, de sentirme viva… de sentir a Toño.

Vincent van Gogh

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