Saludo inoportuno de Rubén García García

Sendero

Sentados en el café, le propuse matrimonio justo cuando una amiga suya entró en escena.

—¿Qué me dijiste?

—¿No escuchaste?

—No, mi amiga me distrajo.

Por supuesto que sí había escuchado; su oído es agudo, lo he comprobado en numerosas ocasiones.

—Solo te dije que la noche te envuelve en una luz especial.

Vi en su rostro una sonrisa forzada y el beso que me dio en la mejilla apenas rozó mi piel, como si temiera dejar una huella.

No puedo evitarlo: cuando alguien o algo interrumpe un momento vital, lo percibo como una advertencia del destino. La vida tiene maneras sutiles de recordarnos que no todo puede ser como lo soñamos.

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