Nada de berrinches por Rubén García García

Sendero

Calladito, calladito… ¡Así se ve tan bien! Sin alharacas ni dramas. Esa es la manera de enfrentar a la muerte: como si fuera una vieja amiga o una esposa a la que se le dice que sí, solo porque es el día que sale de compras. Tranquilo. Ya vendrá cada dos de noviembre, por sus viandas de mole, su cerveza oscura y, quién sabe, tal vez hasta ese ron blanco añejo que tanto le gustaba. Claro, también hay que tomar en cuenta que la viuda aún conserva su sensualidad y belleza. Y además, el deseo de conocer el mundo… porque, cuando usted vivía, siempre se negó a salir del rancho.

Nunca se lo dijo, pero soñaba con vivir en las islas del Pacífico. Allá, los festejos son diferentes. No se altere, es poco probable que eso suceda… aunque siempre hay una posibilidad. ¿Recuerda a aquel tejano con quien hizo negocios? Ayer fue al rancho, y le dieron la noticia de su deceso. El tejano se quedó después del novenario, y todo indica que seguirá haciendo negocios, ahora con la viuda.

¿Y qué cree? A él también le gustan las islas del ensueño y la piña colada

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