Sendero
El sapo que besé se convirtió en príncipe. Por la noche, se duerme y croa satisfecho. Mi madre lo odia, mi padre no me habla. Me siento agradecida, en todos los sentidos… y también de que no haya moscas en mi sopa. ¡Qué lengua tan precisa y matemática tiene, oh, mi Dios!

