Me perturbas por Rubén García García

Sendero

Aprendí a caminar sin pértiga sobre las nubes, con los albatros persiguiendo el ocaso y el vértigo acechando a cada paso. En las orillas de la montaña, giré, giré sin cesar, retando al abismo en cada vuelta incierta. Exhausto, trepaba a medianoche a las copas del pinar, despreciando mis heridas, esperando el canto del ruiseñor, como si en su trino pudiera hallar una señal, una respuesta. Sé que caía al vacío, enajenado por tu indiferencia. De reojo, te veía, con la voz atrapada en mis quijadas, solo llegaba a decir un hola insípido. Me preguntaba si en el iris de tus ojos o en algún sueño reconocerías mi voz. «¿Y a ti qué te pasa?». Nada, nada, respondía, mientras en tu mirada parecía leer: «parece que todas las noches lo revuelcan los perros». Suelto, tu cabello dejaba escapar luces de sándalo, y recargada en el alféizar mirabas la larga cola de la cordillera y, en el cielo, el vuelo lejano de los patos.

Deja un comentario