Sendero
La tierra apelmazada se suelta por las afiladas navajas del pico de un ave rapaz. En el cielo, una nube gorda y perezosa simula una vaca negra echada bajo el pirul. Llueve, llueve a cántaros, y por un breve momento, el ejido se humedece. El aroma dormido despierta. Es un olor a tierra mojada que se esparce entre el bosque de tréboles, un olor viejo de vida, cavernícola. Un aroma que hasta los muertos excita y les lleva a recordar cuando retozaban entre los aguáchales. El cielo puerco se va limpiando, dejando ver el azul juvenil. El sol irrumpe poderoso, despertando a las alimañas que duermen en la oquedad del árbol. El correcaminos suelta pequeñas nubes de polvo entre los mezquites y la nopalera. Las iguanas sobre las rocas no dejan de mirar algo inasible que se me escapa. Mi memoria se cierra, para volver a la eternidad del silencio.
Florencia Böhtlingk . salto la bonita

