La montaña de colores por Rubén García García

Sendero

Tengo deseos de dormir con él, ver que bosteza, que se le cierran los ojos después de quedar exhaustos. Sentir que me rodea. Enlazo mi mano a su mano y a la luz del velador dormimos como una pareja que disfruta el espacio. Verlo dormir, hacerle caricias mientras sueña. Antes de que abra el día me reacomodo, para sentir que su palma recorre mi cadera. Me hago… y lo dejo. Eriza mi piel. El hueco de su mano lo ha llenado. Si continúa no podré simular que estoy en el sueño. Preguntaría, ¿esto es el mañanero? Estoy sola en mi dormitorio. A lo lejos, un gallo citadino canta, y muerdo la sábana; ansiosa, cerca, muy cerca de la cima de colores.

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