Sendero
Ella recostó su cabeza sobre el brazo, sonreía y buscaba el cuello de él.
«Qué velludo eres …—cerraba los ojos y los abría. «Mejor llévame a casa, si me duermo despertaré mañana». En el taxi, la mejilla desapareció en su pecho.
«Esta mujer está contenta con el que no puede estar siempre para mí. Me hago muda cuando te vas, sin embargo, todo mi enfado desaparece cuando sonríes. Nunca sabré que es mejor: sí haberte conocido, o no, pero en este momento no dudaría. Mis días los llenas; y el mañana es una pregunta que nadie puede contestar»
Un día se fue. Nadie sabía nada de nadie. Después del temblor los días fueron diferentes y la gente se tropezaba con los escombros.

