Sendero
En la mañana fría los internados del hospital de psiquiatría van en fila hacia las regaderas, el agua hace que sus cuerpos tiriten. Castañeando los dientes esperan a la asistente, que tarda con las toallas. Torpes y temblando sin contenerse cogen la bata raída y regresan a sus camas.
Para ella, la más vieja, nada ha cambiado.

