sugerencias* por Rubén García García

Sendero

Ella no tenía ningún problema si exclamara en la intimidad “te amo Beto”, ya que su esposo se llama como yo: Beto. Yo no podía decir te amo Marcia, porque mi esposa le digo Yoya. Antes de llegar a mi casa, pasaba a un bar, pedía ginebra con jugo de naranja. Mi compañera que tiene un excelente olfato me decía enojada: «¡ni te me acerques, bien sabes que así no te soporto!»

*tomado de una revista para caballeros.

Deja un comentario