Sendero
Afuera brincaba la lluvia fría en los pinares. En la cabaña un quinqué que hacía fulgir un espejo roto. Mi mano fina rodeaba tu cintura y mi cuerpo se adosaba al tuyo. Un golpe con tu codo en mis costillas me recordaba que había que vestirse. Decidí quedarme, por la mañana me iría antes de que llegasen sus padres. Ella asustada me decía «¿y si no despertamos?, es la tercera vez que te quedas». «Siempre tenemos la excusa de que somos amigas y que no pude embarcarme en el autobús de media noche. Aunque creo que lo saben… ¿No crees que es hora de platicar con ellos»

