Mi madre y el naranjo por Rubén García García

sendero

Llegó inesperadamente y penetró como navaja en un tomate. El mayo soleado dejó paso a una garúa invernal. Desaparecieron las moscas. Él naranjo esperaba un chubasco que lo refrescara y nunca la insolencia de este frío que lo estremece. Él viejo árbol no recuerda dónde guardó la gabardina, y tiemblan sus hojas Mi madre corre, lo cubre con una manta de plástico y protege su frutilla como si fuesen sus hijos.

Yo iba detrás de ella cuando su grito me detuvo: ¡No salgas porque te enfermas!

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