Sendero
Con jadeos llegó a la cima de la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope estalló un torrente de luz que aluzó la oscuridad del mar. La nave evitó los promontorios rocosos, hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. Silbó satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.

