sendero
Todas las madrugadas la gata llegaba a la recámara de él, se lamía el cuerpo con insistencia y antes que despertara, desaparecía. Una noche tuvo un acceso tan intenso de tos, que se le detuvieron los pulsos. Los paramédicos lo encontraron con los ojos fuera de las orbitas. La gata a su lado maullaba.
«Seguro que era su mascota preferida», dijo uno de los camilleros cuando lo sacaron de la recámara.

