Decisiones de Rubén García García

Sendero

yer se fue el gallo, el único que le quedaba. Lo vendió su marido. El niño lloraba. Oía los ronquidos de él. Era mejor dormido que despierto. Anoche le dijo, «mañana vas con los Martínez, y pregunta si no tienen ropa para lavar». El niño tenía un año y pedía. Había escondido un billete; con el podían vivir una semana a lo más. El esposo seguía roncando. La vieja maleta estaba debajo de la cama, así que solo tomó a la cría y salió sigilosamente. Irse con su madre, ¡para qué!, si ella la corrió cuando supo del embarazo. Tenía la dirección de un exnovio que le rogó para que se casara con ella. «Te dejo mi dirección de la ciudad, por si algo se te ofrece». ¿acaso era el orgullo más poderoso, que el amor que sentía por su hijo?

Deja un comentario