Nada es para siempre de Rubén García García

Sendero

Tu mujer salió corriendo, sabía que no tardaría el tantán de las campanas y se fue tan de prisa que ni adiós dijo. Mientras piensas en el gato, este aparece corriendo tras un ratón que se esconde en la maleza.

Te encuentras en el corredor. A esa hora coincides con el viento de la tarde y disfrutas de la serenidad. La residencia susurra silencio, el cual se rompe cada vez que tu cuerpo se balancea en el sillón de mimbre. Te gusta sumergirte en el recuerdo de tus logros, pero ahora, en tu parpadeo, también han llegado los atributos oscuros de tu ser. Recuerdas aquella vez que el líder te ordenó como un capataz a su criado, y otra ocasión en que el gobernador le acarició las nalgas a tu mujer. Siempre repites que «el fin justifica los medios», aunque tu mujer te miró indignada, tú te hiciste de la vista gorda.

¡Ah, lo que no has soportado! Ahora, eres tú quien lleva la batuta. Aunque siempre te dices que «nada es para siempre», llevas años aferrándote al poder como un bebé que no quiere soltar su mamila.

Ayer, debido a una distracción del jardinero, tu enredadera preferida fue mutilada. Enfurecido, lo despediste y te negaste a pagarle los días que había trabajado, apropiándote de su machete. Con tu pulgar, acariciaste el filo hasta llegar a la punta. «Para que se le quite lo pendejo», murmuraste.

La inmensidad de tu cuerpo se balancea con regocijo en la poltrona. ¿Has notado que tus olvidos se han vuelto frecuentes? ¿Dónde dejaste el machete? Cierras los ojos, te impulsas con el pie y el mueble se balancea al extremo, rompiendo el silencio con un crak. La poltrona cae, tu cuerpo cae, y algo frío penetra con profundidad por un costado de tu cuerpo. Ahora, ya sabes dónde dejaste el machete. Es cierto, lo recargaste con la empuñadura hacia arriba, pero ¿quién lo volteó? Entre sueños, te llega la voz de la hija del campesino que vino a suplicarle a tu mujer que le volviera a dar trabajo a su papá. Las campanas dan la última llamada a misa, y el gato acude a ti con un ratón entre los dientes.



 



Deja un comentario