Sendero
El camino tiene una alfombra de hojas. Ella, al pisar amolda su pie, él hace el ruido de una escoba. Es una tarde fresca.
— Cuando despierto pienso en vos.
— Gracias. Yo me arremolino en la cama y trato de relajarme y después le doy gracias a la vida mientras me baño.
— ¿Qué día desayunamos juntos, como hace treinta años lo hacíamos?
— ¡Buenos momentos! En honor a la verdad, tuve un buen mentor
— Es que tenía una alumna bella e inteligente.
—Tuviste muchas, siempre te rodeaste de alumnas. Me agradaba tu don de gente.
— Yo me enamoré de ti.
— Te enamoraste de muchas.
— Deseaba que camináramos juntos.
— Tú deseabas una mujer que te siguiera.
— Me imaginaba leerte en la intimidad del hogar.
— En ese tiempo a mí me gustaba conocer y trabajaba para comprar mis cosas y ayudar a mis padres. No me gusta depender de nadie.
— Pero, nos amábamos.
— Yo te admiraba
— Te hubiese conquistado.
Ella se queda en silencio y mira a la lejanía.
— Me conquistaste. Pero nunca te diste cuenta. Tal vez pensaste que era una broma, no lo sé, Te lo hice saber. Fue un instante que la alegría de tenerte rompió en ola y sofoqué un momento mis deseos de fuga. ¡Joder! te tardaste. cuando decidiste sólo quedaba la espuma sobre la arena.
—poco después te propuse matrimonio.
—Todo tiene su tiempo. Recién había terminado la licenciatura. —Te diré que me vuelvo una mujer frágil cuando amo. Y tú jamás te diste cuenta. —Regresemos mi buen amigo, el viento arrecía y las nubes se ven amenazantes. Tus hijos están lejos y la única que viene a verte soy yo. Es mi manera de agradecerte. Dentro de una hora estaré marchando para apapachar a mis nietos y si no te apuras te quedarás sin cenar con tus amigos que tienes en el asilo.

