Tocan de Rubén García García

Sendero

Me golpean los pulsos. Es él. Sé bien que no viene a darme las buenas noches…

Hace unos días servía la comida a los vaqueros. Me fije en sus manos grandes y callosas, parecía pinzas. Me miro con sus ojos oscuros y sonrió. Ayer casi derramo la sopa al sentir el brillo de su mirada. En la cena me hizo una seña: balanceó el puño como un martillo. Era claro…

Tocan quedo. La noche es oscura y fría y mi corazón hierve. Él es el novio de mi tía. Es algo parecido al miedo, pero no es miedo. Es miedo al deseo, de sentir su mano tosca. Tiemblo y las piernas no me obedecen. Es la tercera vez que lo escucho. La luz de la vela chirria y afuera ulula el búho

Me muevo con torpeza; me decido y entreabro la puerta.

Ya no está. Fue él, percibo su aroma de campo y sudor agrio. Mañana saldrá muy temprano a dejar un hato de ganado, y regresará por la noche, y sé que tocará a mi puerta.

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