La noche larga de Rubén García García

Sendero

Es tibia la madrugada. En el silencio se oye el crepitar. Daba por hecho que después de la cirugía de columna en veinte días caminaría como un niño que se suelta de la mano de su madre y corre. No sucedió. Quizá un esfuerzo de más y el lomo se hizo frágil. Para mover mi espalda me apoyaba con los codos y trataba de encontrar otra ubicación que me diera reposo. Tenía que pedir ayuda y mi compañera estaba en tan profundo sueño que desistí. Cerré los ojos y abrí los oídos y escuché a lo lejos el barullo de la gente jugando a la lotería: «el gallo, el pájaro, la escalera…» y me hice el sordo porque sé que después de la muerte seguía la calavera. Desperté empapado de sudor y al lado mi esposa que me decía «como vi que estabas tapado hasta la coronilla, me supuse que tenías frío y te cubrí con dos frazadas más»

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